Al ser la fiesta del cordero nuestro“amado guía”tenía el día un poco ocupado, como buen musulmán debía ir a la mezquita y luego matar el cordero junto a su familia, nos invitó a comer pero no fuimos, preferimos perdernos en el desierto.  

Salimos de Timimoun y empezamos a seguir unos waypoints, primero la carretera estaba asfaltada, pero enseguida nos desviamos y nos metimos de lleno en la arena, todos llevábamos el mono de pista con lo cual en pocos segundos se produjeron las primeras enganchadas que se solucionaron en breve con planchas, palas y algún tirón de eslinga.

 

 

El paisaje era realmente bonito, cruzamos una llanura infinita donde se podía rodar a gran velocidad hasta que poco a poco el terreno dejó de ser duro y aparecieron las primeras dunas.  

 

 

Aparcamos en la base de unas dunas buscando protegernos del viento y aprovechamos para almorzar, allí pasamos un buen rato jugando con los coches.

 

 

Siguiendo los wpts aparecimos en un pequeño pueblo casi enterrado en la arena, después de  perdernos por sus callejuelas nos metimos de lleno en el desierto, el lugar era precioso, apareció delante nuestro un mar infinito de dunas salpicado de multitud de palmeras, parecía un decorado de las mil y una noches, es uno de los oasis más hermosos que he visto nunca.

 

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