NAVIDADES 2008
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Salimos de casa a las 7 de la mañana y en 12 horas nos plantamos en Tarifa, donde pasamos la noche en un apartamento cercano al puerto. Ya en Marruecos, cogimos la autopista y paramos en Moulay Bousselham, dimos un paseo por la playa con Bruna, picamos algo y volvimos al coche, ya no paramos hasta llegar a Marrakech, el tiempo era malísimo, nos pilló una tormenta colosal, jamás habíamos visto caer tanta agua en Marruecos. Por suerte encontramos el camping fácilmente, cogimos una habitación, tomamos un caldito caliente y algo de pan con atún y nos acostamos, estábamos rendidos. Amaneció un precioso día soleado, desayunamos en la cafetería del camping y seguimos dirección Ouarzazate, cruzamos el Tizi’n-Tichka y nos asombró el escaso tráfico, íbamos casi solos, no tuvimos que adelantar a más que un camión, el paisaje era fabuloso, las cumbres del Alto Atlas estaban cubiertas de nieve y por las laderas se veían pintorescos poblados literalmente excavados en la roca.
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Pasado el puerto, paramos a comer en un pequeño restaurante de carretera, éramos los únicos clientes, nos prepararon la mesa en la terraza superior, puesto que allí daba el sol, nos trajeron el té y luego el menú del día, ensalada marroquí y tajine de pollo, todo estaba delicioso, especialmente el pan, recién sacado del horno de leña. Cruzamos Ouarzazate por el exterior sin tan siquiera parar y llegamos al camping de Agdz, donde pasamos la noche. A la mañana siguiente descubrimos lo bonito que era aquel lugar, las habitaciones pertenecían a una antigua kasbah escondida en el palmeral, y desayunamos junto a la piscina, aprovechando el agradable sol de la mañana.
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Continuamos por carretera hasta Zágora, paramos a comprar agua, pan y algo de fruta y verdura y seguimos hasta Tagounite, solo entrar en el pueblo ya vimos el camión de Vicent aparcado en la calle principal. Después de tomar un té todos juntos y hacer las últimas compras continuamos hasta M’hamid, antes de entrar de lleno en el pueblo paramos a comer, allí los niños ya eran realmente pesados, cruzamos el pueblo sin parar y cogimos pista hacia las dunas. Acampamos en una zona arenosa, rodeados de pequeñas dunas, Bruna disfrutó de lo lindo corriendo detrás de su pelota, saltando dunas y dando vueltas como una loca, a toda velocidad, alrededor del campamento, cenamos patatas a la riojana y disfrutamos de una agradable velada junto al fuego, bajo un hermoso manto de estrellas.
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Después de desayunar seguimos recorriendo las pistas del sur marroquí, paramos en un pozo a llenar algunos depósitos de agua, seguimos navegando sin ver rastro alguno de pistas, así pasamos parte del día, con las últimas luces de la tarde y después de cruzar un precioso mar de dunas, nos metimos de lleno en el Iriki.
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Puesto que el camión sufrió una pequeña avería, decidimos acampar debajo de un par de pequeñas acacias, cerca de una pista principal que partía hacia el noroeste.
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