MARRUECOS NAVIDADES 2003

 

Llegaron las vacaciones de Navidad y una vez más la oportunidad de volver a bajar a Marruecos. Salimos el Viernes 26 por la mañana de casa y no paramos hasta la hora de comer, cosa que hicimos en una área de servicio de la autopista, cerca de Alicante. Llegamos al puerto de Almería sobre las siete de la tarde, aparcamos el coche y sacamos las tarjetas de embarque. Mientras hacíamos tiempo paseando por el puerto llegó nuestro amigo “Juanito de Alcoy”, lástima que esta vez no coincidíamos en la ruta, ni siquiera en el ferry, nosotros íbamos a Nador, el y sus compañeros viajaban a Melilla. Estuvimos en el bar comiendo unos pinchos y charlando animadamente hasta la hora de embarcar. Fue en el mismo puerto donde también nos encontramos con Blanca y Jordi de Castellbisbal, les conocimos el año pasado en Marruecos, en la pista de Zagora y no habíamos sabido más de ellos, nos alegró mucho reencontrarles y esta vez si que intercambiamos teléfonos, aunque su recorrido por Marruecos no iba a ser nada parecido al nuestro.  

Embarcamos con retraso, lo primero que hicimos una vez cogido el camarote fue ir a sellar el pasaporte, la cola era tremenda, fuimos a dar un paseo por la cubierta y al volver estaba igual, ni se había movido, eran casi las doce de la noche, volvimos a la cola con resignación, nos costó una hora conseguir sellar los pasaportes, pero aún quedaba el papel del coche, donde invertimos una hora más, esta vez amenizada con charlas y risas, pues detrás nuestro estaba Jordi de Castellbisbal. Sobre las dos de la madrugada entrábamos en el camarote, especialmente “cutre”, pues aunque el pasaje era de Trasmediterránea viajamos con un ferry de la compañía Limadet, nada recomendable, nos quedaban solo 4 horas para intentar conciliar el sueño antes de que empezaran a aporrear la puerta gritando NADOR!!!!. Como era de esperar no pegamos ojo.  

Día 27 de Diciembre – Fiesta de cumpleaños en Tinherir  

Llegamos cerca de las ocho de la mañana al puerto de Nador, hicimos los trámites de entrada del vehículo con mucha rapidez y sin más preámbulos cogimos carretera hacia el sur. La primera parada la hicimos en Outat-Oulad-El-Haj para tomar el primer te a la menta del viaje, delicioso, nos lo sirvieron en vaso largo y muchísima menta, como a mi me gusta. Seguimos por la misma carretera dirección Missour, la temperatura a media mañana era suave, 17-18º C, pero las montañas del Atlas aparecían completamente nevadas.  

Llegamos a las Gargantas del Ziz, bajaba bastante agua, contactamos mediante SMS con Carmen y Rafa, dijeron que iban por los bosques de cedros, les llevábamos unos 200 Km. de ventaja, queríamos llegar pronto a Tinherir y descansar un poquito, la última noche había sido corta y agotadora. Nos dio la hora de comer cerca de Er-Rachidia, nos detuvimos en un Restaurante situado al lado de la gasolinera, 2 o 3 Km. antes de la población. Nos sentamos en la terraza aprovechando el sol de la tarde y comimos la típica “salade marocaine” y brochetas, bueno pero caro.

Llegamos a Tinherir con las últimas luces de la tarde y fuimos directamente al Hotel Tombouctou, habíamos reservado tres habitaciones la semana anterior, el hotel estaba al completo y nos tocaron las 3 habitaciones de la terraza, cada una de ellas dentro de uno de los torreones de la Kasba, pequeñas, sencillas, pero acogedoras, el baño era compartido para los seis y estaba a parte. Dimos un corto paseo por las calles de Tinherir esperando que llegara el resto del grupo, Carmen y Rafa, de Madrid, incondicionales de nuestras incursiones por África y otra pareja que venía de Jaén y que todavía no conocíamos, Ana y Juan(Kwang). No se hicieron esperar mucho, saludos, besos, abrazos, presentaciones... mientras ellos se preparaban para la cena bajamos a esperarles al salón y nos tomamos un te con almendras, la primera impresión de “los nuevos” fue muy buena.

Cenamos en una haima montada en el patio del hotel, al lado de la piscina, como ya era tarde el resto de gente ya había acabado de cenar, con lo cual tuvimos el comedor casi para nosotros solos, comimos muy a gusto y celebramos el cumpleaños de Jordi en toda regla, hubo pastel, cava, regalos y las primeras risas, preámbulo de lo mucho que nos reiríamos a lo largo del viaje. Nos acostamos pronto, pues todos estábamos agotados, faltos de sueño y con muchos kilómetros en la espalda.  

Día 28 de Diciembre - Un paseo por el Valle de las Rosas

Amaneció un día muy soleado, bajamos a desayunar tranquilamente al restaurante del hotel, pan con mantequilla y mermelada, zumo de naranja natural y café con leche o té a la menta según los gustos de cada uno.  

Nuestra primera parada fue en Boulmane de Dades, dimos un paseíto por el mercado, compramos pan, tomates, mandarinas y yo me llevé algunas botellas de agua de rosas, producto típico de la zona. Continuamos por carretera hasta Kelaât M’gouna, verdadero centro del agua de rosas, es en esta ciudad donde se encuentran las fábricas que destilan los miles de pétalos de rosa damascena que se recogen cada año en los valles que rodean esta población. En Kelaât M’gouna cada año, durante la segunda semana de Mayo, se celebra el Mussem al-wurud o Festival de la Rosa, fiesta que tiene lugar al final de la cosecha. Al cruzar esta pequeña población con el coche, mires donde mires, hay carteles anunciando agua de rosas y decenas de tiendecitas con montones de botellas, jabones, cremas y todo tipo de cosméticos.  

En el mismo Kelaât M’gouna cogimos una pista que nos hizo trepar literalmente por impresionantes montañas y descender hasta hermosos valles, el paisaje a nuestro alrededor era magnífico, antiguas kasbas de adobe contrastaban con las construcciones más recientes, aldeas y más aldeas asomaban entre verdes oasis, y como no, de la nada surgía un sinfín de niños que se abalanzaban sobre nosotros y los coches pidiendo algo, stylo, bonbon, cadeau, dirham,... ya al caer la tarde aparecieron por la pista decenas de mujeres, niñas aún la mayoría de ellas, cargadas hasta los topes de ramas que volvían a sus aldeas, dando un toque alegre y pintoresco al lugar.

 

 

Llegamos a la carretera ya bien entrada la noche, paramos en la Kasba de Ben Moro, hoy en día transformada en hotel, pero estaba completo, con lo cual decidimos continuar hasta Ouarzazate, donde nos alojamos en el Hotel La Gazelle, viejo, sencillo, pero limpio y con agua caliente (200 Dh la habitación). Salimos a pasear por las calles de Ouarzazate y cenamos en La Fibule, un pequeño restaurante marroquí, empezando por las aceitunas que nos pusieron mientras esperábamos, pasando por la variedad de tajines y el cuscús que pidió Ana y acabando por los postres: yogur casero y zumos de naranja, todo estuvo exquisito, en total no llegó a los 50 Dh por cabeza. Si volvemos por Ouarzazate repetiremos!.  

Día 29 de Diciembre – La ruta de Tata, montañas impresionantes y bellos oasis

Desayunamos en el mismo hotel y cogimos carretera hasta Taznakht, paramos para comprar el pan y dimos un agradable paseo por las calles principales donde se concentraban la mayoría de tiendas. Todos nosotros coincidimos en la buena pinta de unos chuletones colgados en una de las carnicerías de la población y sin pensarlo dos veces allí que fuimos a comprar carne para la comida. Como las piezas eran muy grandes compramos una por pareja, cogimos el pan, algo de fruta y nos sentamos a tomar un delicioso té a la menta en la terracita de un café.

 

Unos 10 Km. después de Taznakht cogimos la pista hacia Tata, el paisaje era árido, típico desierto de piedra, pequeñas aldeas se sucedían a lo largo de la ruta, vimos un colegio y paramos. Hablamos con dos profesores y les explicamos que llevábamos montones de libros de gramática en francés, de varios niveles, los estuvieron mirando y se los quedaron encantados, pues dijeron que les podían ser útiles para enseñar a los niños, nos comentaron que los repartirían entre los tres colegios que había en aquella zona. Dentro de la escuela se armó un buen alboroto, los niños querían salir en las fotos, estaban todos con los ojos bien abiertos sin perder detalle de lo que estaba pasando y  se alborotaron más aún al ver que dejábamos bolígrafos para cada uno de ellos y al ver la bolsa de caramelos que llevábamos para repartir entre ellos, fue una experiencia muy bonita. 

Continuamos nuestra ruta por pistas cada vez más pedregosas, la única nota colorista la ponían los corrillos de mujeres que íbamos encontrando cerca de pequeños ríos o charcas haciendo la colada, y el montón de ropa de todos los tamaños y colores que aparecía tendida por todos los matorrales de su alrededor.

Nos entró hambre y paramos cerca de una pequeña aldea a comer, la pick-up de Carmen y Rafa nos sirvió una vez más de improvisada mesa, el menú, ya establecido como oficial para todo el viaje fue ensalada de tomate, pan y embutidos de todo tipo. Se acercaron a nosotros un grupo de 5 o 6 niños que acabaron comiendo con nosotros galletas y barquillos, les dimos camisetas, gorras y hasta un pequeño coche de juguete a cada uno. Seguimos la pista, literalmente excavada en la ladera de la montaña y pasamos cerca de unas minas, paramos a mirar y aparecieron tres mineros, uno de ellos con la cara totalmente negra del polvo que soltaba este tipo de mineral, del cual no conseguimos saber el nombre, nos impresionó tremendamente el hueco por el que se tenían que meter para realizar su trabajo. Fueron estos mineros, que no hablaban para nada francés, solamente árabe, quienes mediante un gran despliegue de signos nos hicieron entender que la pista por la que íbamos no tenía salida, con lo cual dimos la vuelta, rehicimos parte del camino y tomamos otra de las pistas que atravesaban aquella inmensa cadena de montañas. Los paisajes eran impresionantes.

 Finalmente bajamos hasta un oued seco, con las últimas luces de la tarde cruzamos un pequeño pueblo y su palmeral, se nos hizo negra noche para variar y fue una lástima, pues aquel sitio tenía toda la pinta de ser especialmente bonito, la gente de la aldea nos miraba pasar y sus rostros reflejaban una mezcla de sorpresa y curiosidad, tomé nota mental de que algún día deberíamos repetir aquella ruta de día para poder disfrutar del lugar.  

Serían las ocho de la tarde cuando llegamos a Foum Zguid y decidimos continuar por carretera y dormir en Tata. Solo llegar paramos en el Hotel de la Renaissance, pues según los comentarios de la guía nos pareció ideal, pero el gran número de todoterrenos turísticos que vimos en la puerta nos hizo pensar lo peor y así fue, el hotel estaba completo, con lo cual fuimos a uno que conocían Carmen y Rafa de otro viaje, el Hotel Relais des Sables. Fue en el mismo hotel, justo en la puerta de nuestras habitaciones, bajo un bonito porche y al lado del jardincito donde montamos nuestra particular cocina e hicimos los tres chuletones y dos sartenes de patatas fritas, todo acompañado de un buen vino tinto. Cenamos de fábula, la carne estaba riquísima y nos supo a poco.  

Día 30 de Diciembre – Descubriendo las bellas aldeas del Anti-Atlas  

El objetivo de este viaje a Marruecos era visitar y descubrir una zona del país aún desconocida por todos nosotros, las montañas y las pintorescas aldeas del Anti-Atlas y por fin llegó el día. Esta vez madrugamos un poco más de lo habitual en nosotros, pues como cada día se nos hacía de noche decidimos empezar un poco antes y la verdad es que acertamos.  

Antes de dejar Tata paramos a comprar pan, tomates y fruta. El aspecto de las verdulerías era estupendo en todas las poblaciones que íbamos visitando, los tomates a la vez que espléndidos de aspecto estaban deliciosos y lo mismo podemos decir de las enormes naranjas y unas mandarinas chiquitinas que aún llevaban las hojas del árbol. Como ya he comentado esa era y sería la dieta de todo nuestro viaje, pan recién comprado cada día con el embutido traído de casa, ensaladas de tomate y de postre naranjas, mandarinas y algún plátano. Al final, cafés, algún te y como no algún pedazo de chocolate, bombones, turrón, galletas, etc., pues todos nos habíamos traído alguna parte de los típicos lotes de Navidad que se regalan estas fechas. Aprovechamos el paseo por Tata para realizar algunas compras, los vasos para el te y algunas teteras, todo muy bien de precio.
Salimos de Tata por carretera hasta Tagmoute, donde cogimos pista. Pasamos por sitios realmente impresionantes, cruzamos ramblas rodeadas de bellos palmerales y envueltas por altas paredes, el agua caía en cascada por cualquier sitio dejando un bonito rastro verde de musgo, aquellos increíbles cañones que aparecían ante nosotros no tenían nada que envidiar a lugares tan conocidos como las Gargantas del Todra, este lugar era mil veces mejor. 

Con tanto bote y tanta piedra al Terrano de Ana y Juan se le soltó la barra estabilizadora, mientras los chicos lo arreglaban con una tuerca que encontraron en sus cajas de herramientas, Ana y yo nos sentamos al sol y aprovechamos la tranquilidad del lugar para tomar algunas notas en nuestras libretas de viaje, Carmen y Rafa con su pick-up también conocida como “la mic-mic-2” nos llevaban cierta ventaja.  

 Llegamos a Tafraoute, como era temprano y para variar aún nos acompañaba la luz del sol decidimos continuar hasta las rocas pintadas. El lugar sin ser tremendamente espectacular tiene un encanto especial, las enormes piedras pintadas de azul, rosa y violeta, aunque ya muy desgastadas por la climatología contrastan de forma curiosa en la llanura ahora verde por las últimas lluvias.

 Nos acercamos con los coches hasta la base de la mayor de las rocas, paseamos, nos hicimos algunas fotos divertidas y como el sitio nos gustó, era muy tranquilo y el tiempo acompañaba decidimos acampar allí mismo.  

La primera sorpresa llegó cuando Ana y Juan descubrieron que uno de los palos de su tienda tenía la goma elástica que lo mantiene unido rota, por más intentos que hicieron no se pudo arreglar, lo solucionamos atando con cinta americana  la del avancé de nuestra tienda a un trozo del suyo, hasta aquí tema solucionado, pero esto no fue todo, empezaron a hinchar su colchón y sorpresa!!, estaba agujereado, risas y más risas, aquella noche prometía. Para cenar Rafa preparó una cantidad industrial de espagueti con chorizo, sin comentarios, estaban exquisitos, y luego nos zampamos una caja enorme de bombones que trajo Carmen, no dejamos ni uno. Hacia un frío tremendo, pasamos el tiempo charlando, riendo y viendo algunas de las fotos que se habían hecho aquel día, nos daba reparo acostarnos tan y tan pronto, pero al final lo hicimos.    

Día 31 de Diciembre – Nochevieja en Taroudant  

Nos levantamos temprano, las tiendas estaban empapadas y hacía muchísimo frío. Mientras desmontábamos el campamento, recogíamos las cosas y preparábamos los coches dejamos las tiendas tendidas al sol para que se secaran un poco.

Nos acercamos hasta Tafraoute, desayunamos estupendamente en un cafetín cercano al mercado, pan con mantequilla y mermelada, zumo de naranja, café con leche y té a la menta, todo delicioso como iba siendo habitual. Nos acercamos a callejear por el mercado, habíamos leído en nuestra guía que Tafraoute era famosa por sus babuchas, reconocidas en todo Marruecos por su calidad y ya habíamos decidido que ese sería el regalo que ”los Reyes” traerían a la mayoría de nuestras familias y amigos.

 

 

 Paseamos por las empinadas calles de esta bonita población del Anti-Atlas, compramos algunas especias y Ana se hizo con un kilo de henna. 

 Había varias tiendas de babuchas donde se veía a los artesanos del cuero como las estaban recortando y cosiendo, aprendimos que las babuchas de hombre son de color amarillo y rojas las que llevan las mujeres, entramos en una de esas tiendas, empezamos por preguntar, luego mirar, nos probamos varios modelos, les desmontamos la tienda, se lo desordenamos todo quitando y poniendo de las estantería según veíamos algo que nos gustaba, los chicos no daban a vasto a poner en su sitio lo que tocábamos y a buscar los modelos y números que íbamos pidiendo. Creo que estuvimos más de una hora dentro de la tienda, pero salimos de allí ni más ni menos que con 18 pares de babuchas !!!!!

 Continuamos paseando por las callejuelas empinadas de Tafraoute, hicimos las compras obligadas (pan, tomate, agua, etc.) y Carmen y Rafa compraron dos “cacharros” enormes pensando ya en la decoración de su futura casa rural de Pitarque, según Rafa “eso” se llamaba samovar, primera vez que yo oía esa palabreja, pero lo podríamos definir como dos enormes botijos de cobre con grifo para mantener el agua caliente. Una vez finalizadas todas las compras cogimos una pista que nos llevaría a Taroudant, eran pocos kilómetros pero se hicieron eternos, la pista quedó bautizada como “la pista rompe huesos”, piedras y más piedras hacían que avanzáramos muy lentamente, lo peor que nos podía pasar después de pasar un noche de acampada un poco movidita, además el paisaje tampoco acompañaba mucho, pero tuvimos suerte y al mediodía el destino nos sorprendió con una encantadora sobremesa.  

Paramos a comer en lo alto de un collado, en el fondo del valle, a un kilómetro quizás en línea recta, se divisaba una pequeña aldea, empezamos a preparar la comida y en menos de cinco minutos empezaron a llegar los primeros niños, que subían corriendo como locos por la ladera de la montaña. Cuando ni siquiera habíamos empezado a comer ya teníamos a nuestro alrededor más de 20 o 25 niños y niñas de todas las edades, primero se mostraron muy tímidos y asustadizos, se alejaban cada vez que les enfocábamos con las cámaras de fotos, pero poco a poco, viendo las bromas que les gastábamos y la juerga que teníamos organizada empezaron a coger confianza y acabamos todos juntos cantando, incluso algunas mujeres se acercaron al grupo y nos indicaron por señas que bajáramos al pueblo y pasáramos la noche con ellos, supongo que pocas veces se encuentran con una “panda de locos” como nosotros que les entretengan a todos los niños del pueblo a la vez.... y aunque los niños se lo pasaron genial os puedo asegurar, y creo que los demás compañeros de viaje, ya amigos, estarán de acuerdo, que nosotros seis disfrutamos muchísimo más que todos ellos juntos.  

Llegamos a Taroudant a las 8 de la tarde y como era Fin de Año y la última noche tampoco había sido para aplaudir decidimos por mayoría absoluta darnos un pequeño “lujo” y buscar un hotel en condiciones, así fue como cogimos habitación en el Palais Salam, en la misma kasba de Taroudant.

El hotel estaba lleno hasta los topes de franceses, todos ellos muy trajeados y vestidos para la ocasión, todo lo contrario a nosotros, además había un despliegue de seguridad tremendo temiendo quizás algún posible atentado. En el restaurante del hotel se celebraba una cena de Nochevieja que no cuadraba para nada con nuestro presupuesto ni con nuestra idea de pasarlo bien, con lo cual tomamos la opción “menú del día” y nos pusieron en una especie de cenador en un rincón escondido del jardín.  

Tengo que decir que fue la mejor Nochevieja que Jordi y yo hemos pasado en muchísimos años, cenamos bien (sopa de legumbres, gambas al pil-pil, un pescado llamado “loup grillé” y pastel de postre), nos engalanamos con las bolsas de cotillón que habíamos traído desde casa especialmente para la ocasión, nos tomamos las uvas y brindamos con cava, todo ello a las once de la noche, hora marroquí, para solidarizarnos con la familia y amigos que habíamos dejado en España. Nos reímos muchísimo y con más ganas que nunca, disfrutamos de la noche, del viaje, del país y sobretodo de la compañía. Una hora más tarde el resto del hotel celebró el cambio de año con una fiesta folklórica, sin dudarlo nos juntamos a ellos para rematar una noche fantástica que jamás voy a olvidar, desde aquí os damos las gracias, Carmen, Rafa, Ana y Juan por esos momentos de felicidad.

 Día 1 de enero – IGLI, una velada muy especial  

Aunque tampoco trasnochamos demasiado nos levantamos sin prisas, desayunamos en el buffet del hotel y nos acercamos dando un agradable paseo hasta el zoco de Taroudant. A esta población la llaman también la “pequeña Marrakech” y con razón, pues está rodeada por una bonita muralla, tiene su pequeña plaza con los típicos tenderetes de zumo de naranja y de allí salen las callejuelas que entran en el zoco, eso sí, todo a muy pequeña escala. Paseamos por el zoco berebere y por el mercado artesanal, hicimos las últimas compras del viaje y pasamos una mañana muy tranquila y agradable.  

Nosotros compramos un litro de aceite de argán, especie de arbusto espinoso que solo crece en el valle del Souss, según decía la guía se trata de un aceite exquisito, aún no lo hemos probado, lo que si podemos decir es que es carísimo, el litro cuesta más del doble que el aceite de oliva, eso se debe a que mientras de un olivo se sacan unos 5 litros de aceite, para conseguir un litro de aceite de argán es necesario recoger los frutos de unos 25 arbustos, también  es normal en esta región ver a las cabras encaramadas en lo alto de estos arbustos comiendo sus frutos.  

Comimos en un típico y “cutre” restaurante marroquí de la misma plaza, unas ensaladas, tajines de pollo y ternera y no podía faltar el te a la menta, el lugar era sencillo, pero la comida muy rica y escandalosamente económica. Con la barriga llena y cansados de andar toda la mañana cogimos, sin pensarlo dos veces, una calesa que nos llevó de regreso al hotel. Era media tarde, el plan del día siguiente era cruzar el Valle de Tifnout por pista, decidimos empezar la pista aquella misma tarde y tirar hasta que hubiera luz de día, luego parar en alguna aldea y buscar alguna familia que nos cediera una habitación para dormir, así lo hicimos. Antes de coger pista paramos en Aouluz para llenar los depósitos de gasoil y realizar algunas compras: 2 Kg de patatas, 2 Kg de naranjas, 1 Kg de tomates, 1 Kg de mandarinas y algunas cebollas, todo ello nos costó 16 Dh (1.6 €)..... Carmen y yo nos quedamos sin habla.  

Cogimos pista con las últimas luces de la tarde, ya era negra noche cuando pasado un pueblo llamado Tamadoute vimos al lado de la pista, en medio de la nada un cafetín, sin pensarlo dos veces allí que paramos, en nuestras cabezas rondaba la idea de que nos dejaran algún cuartucho para dormir todos amontonados en el suelo. Nos tomamos un te y preguntamos si podíamos dormir allí, no entendían nada de francés, solamente hablaban árabe, conseguimos entender que a unos cinco kilómetros encontraríamos un pueblo llamado Igli donde si se podía pasar la noche.  

Llegamos a Igli sobre las ocho de la tarde, solo entrar en el pueblo vimos un cafetín a la derecha con un montón de hombres jugando a cartas y viendo la tele, al lado de la puerta, en el suelo, un hombre rezaba, justamente era el dueño de la casa donde teníamos que dormir. Esperamos pacientes que acabara sus rezos y luego le seguimos con los coches mientras el abría la marcha andando, al cabo de pocos metros nos hizo aparcar y continuamos andando, empezó a subir por una callejuela tremendamente empinada, no se veía nada de nada, de repente se metió en un portal y se hizo la luz!.  Pasamos por un patio descubierto y de allí a otro patio con un naranjo en medio y rodeado de habitaciones, nos metieron en un cuarto con alfombras en el suelo y tele, allí que nos tumbamos, hacía  mucho frío y nos tapamos con mantas, nos ofrecieron el te y una bandeja de almendras, nos informaron de los precios y del menú de la cena, ensalada marroquí, tajine de pollo y pan recién hecho. Mientras esperábamos la cena bajamos al coche a por los sacos, neceseres y demás, aunque lo de la limpieza personal ese día sería un poco “adaptable”, pues la “toilette” de la casa no invitaba a su uso y disfrute. La cena estaba exquisita, lástima del pobre pollo que acabó convertido en tajine por nuestra culpa, dormimos allí mismo, todos juntitos en el suelo dentro de los sacos y bien tapados con mantas, eso fue el punto final de otra velada muy agradable, con muchas risas y también difícil de olvidar. 

Día 2 de Enero – El Valle de Tifnout y el guardián del Lago Ifni  

Desayunamos pan caliente con una mantequilla excelente, nos trajeron te a la menta y una cafetera con el café con leche ya preparado, el color era muy claro y quien lo probó dijo que sabía a leche con hierbas, tomillo o similar, dedujimos que era leche de cabra recién ordeñada y el sabor vendría de las últimas plantas que se había zampado el animalito, en este caso plantas aromáticas. 

Tras despedirnos de la familia y pagar lo pactado continuamos atravesando el Valle de Tifnout por pista, llegamos al desvío que subía al Lago Ifni, como solo estaba a unos 10 Km. e íbamos bien de tiempo decidimos acercarnos a verlo y no nos arrepentimos.  

La pista que nos condujo hasta el lago era especialmente bonita, los paisajes a nuestro alrededor cambiaban kilómetro a kilómetro, primero hermosos y verdes valles aparecían a nuestro alrededor contrastando con el marrón rojizo de las kasbas, pero a medida que ganábamos altura el entorno se volvió árido y pedregoso y la nieve hizo acto de presencia. Algunos pueblos pintorescos se sucedían a nuestro paso, con casas literalmente colgadas en la montaña, fue en uno de esos pueblecitos, cuando faltaban unos 4 kilómetros para llegar al lago, donde conocimos a Mohamed Ait Moussa, quien se nos presentó como el guardián del lago. Se montó detrás de la pick-up de Carmen y Rafa y subió hasta el lago con nosotros.  

El ultimo tramo hasta el lago fue espectacular, la pista que subíamos en zig-zag nos hizo ascender, en muy pocos metros de recorrido, más de 400 metros casi en vertical, llegando a alcanzar los 2400 metros de altura y la nieve apareció de repente a nuestro alrededor. Aunque el Lago Ifni es bastante pequeño el paisaje era impresionante, nos rodeaban altas cumbres nevadas y muy cerca de allí estaba el Toubkal, Mohamed nos indicó cual era la vía de acceso, pues él también hace de guía para los grupos que van a hacer treking por la zona.  

A la vuelta estuvimos en la casa de Mohamed, colgada en lo alto de una montaña, aunque nos invito a comer e incluso a pasar la noche en su casa nos limitamos a aceptar un te, pues debíamos seguir nuestro viaje. Mientras Mohamed iba preparando el te nos contó que tenía 8 hijos, 6 de ellos iban al colegio, les conocimos a casi todos, Rachid, el más chiquitín tendría poco más de un añito, dos de sus hijos se pusieron a partir nueces para nosotros y además nos trajeron pan con mantequilla, pasamos un rato muy agradable en la humilde casa de Mohamed y después del tercer te continuamos nuestro viaje, prometiendo que le mandaríamos las fotos y que volveríamos en alguna otra ocasión a visitarle. Repartimos algunos juguetes y ropa entre los niños del pueblo y dejamos material escolar para los hijos de Mohamed, que ahora estaban de vacaciones por el Año Nuevo, me quedé con la cara de alegría de dos chiquitines con chilaba que quedaron encantados con los coches que les regalamos, ver la ilusión en sus caritas fue un bonito regalo.  

Continuamos por pista y no paramos a comer hasta pasadas las cuatro de la tarde, ensalada de tomate, patatas fritas con chorizo y fruta de postre, hacía un frío tremendo, después de los tes y cafés correspondientes continuamos por pista hasta encontrar la carretera del Tizin Tichka, era ya negra noche y llegó el triste momento de las despedidas, nuestros cuatro compañeros de viaje continuaban hasta Marrakech y volvían a casa y nosotros continuábamos nuestro viaje por Marruecos algunos días más.  

Llegamos hasta Telouet y nos quedamos en el albergue del mismo nombre, nos pudimos dar una ducha con agua caliente, cenamos la típica ensalada marroquí y un tajine de ternera, mandarinas y te a la menta, todo delicioso, a las diez estábamos en la cama, el frío era tremendo y dormimos dentro de los sacos, además nuestra simple y austera habitación, por no llamarla “cutre” directamente, tenía una ventana sin cristal que tuvimos que tapar con una alfombra y una manta, la habitación estaba a 12º C, pero dormimos bien.  

Día 3 de Enero – Teluet, Ait Ben Hadou y la pista hacia el Jebel Saghro

Nos levantamos a las nueve, desde la terraza del albergue se veía la antigua kasba de Telouet, le hicimos una foto, la vimos muy poco atractiva y tremendamente deteriorada, no nos llamó la atención visitarla, nos fuimos sin desayunar y cogimos la pista hacia Ait Ben Hadou.  

El tramo de pista, estrecha, pedregosa, polvorienta y lenta nos resultó horroroso, encima nos cruzamos con una barbaridad de “yogurteras” turísticas y un montón de todoterrenos, en total 25 o 30 vehículos, además el paisaje tampoco era nada espectacular, por si fuera poco rompimos un amortiguador trasero y ya casi al final tuvimos que parar un buen rato, pues nos encontramos de cara a una francesa con un turismo que se quedó sin gasolina en medio de un tramo estrecho de pista, con dos camiones alemanes detrás, solucionado todo el ”marrón” conseguimos llegar a Ait Ben Hadou. Aunque la kasba es preciosa es tremendamente turística, cosa de la que nosotros acostumbramos a huir, había bastante gente y como ya veníamos bastante hartos pasamos de largo y paramos un poco más adelante para ver la kasba tranquilamente, sin gente ni agobios, pero eso en Marruecos es muy difícil. Paramos en lo alto de una colina, con buenas vistas de la kasba, hicimos alguna foto y en medio minuto apareció de la nada un hombre todo loco que quería por todos los medios que le compráramos unas bolas de Cobalto, no teníamos ningún interés y así se lo dijimos, pero el hombre estaba desesperado, después de un intenso regateo y de sacar a empujones el hombre de dentro de nuestro coche le compramos las dos bolas.  

Continuamos nuestro viaje dirección Ouarzazate, los bordes de la carretera estaban llenos de niños que vendían grandes lagartijas y las sostenían vivas por la cola para mostrarlas a los turistas, vaya manera de torturar a los pobres animalitos!!.  

Paramos otra vez en la Kasba de Ben Moro, esta vez para ir a ver la Kasba de Amerdhil, situada a escasos metros del hotel y aunque se puede llegar en coche nosotros fuimos dando un agradable paseo a través del palmeral, nos acompañó en el paseo Mohamed, un niño que vivía por los alrededores y que nos fue explicando detalles de la kasba y del morabito que encontramos en el camino, aunque esta kasba está deshabitada y es muy pequeña es realmente preciosa y el lugar muy agradable y tranquilo con preciosas vistas a lo lejos de las cumbres del Atlas.  

Comimos en la terraza de un restaurante en Skoura, paramos en Boulmane de Dades a comprar pan y contactamos por teléfono con Juanito de Alcoy, como vimos que no coincidíamos en el recorrido y era imposible vernos decidimos coger pista hacia el Jebel Saghro, era última hora de la tarde y empezaba a oscurecer, dimos vueltas y más vueltas, nos metimos en un oued sin encontrar salida alguna, se nos hizo de noche y al fin dimos con lo que parecía ser la pista correcta, cruzamos pequeños pueblos, Taoudilte, Taghsa, ninguno salía en nuestro mapa, dejamos el desvío a Tiouit y al fin vimos un cartel con  nombres conocidos, era el desvío a N’kob, a 5 kilómetros del desvío estaba otro pueblo llamado Iknioun, donde según la guía se podía hacer noche, como era tarde hacia allí que fuimos. Solo entrar en el pueblo vimos un cartel en el suelo, en medio de la calle, que ponía “Aubergue”, paramos y preguntamos, salió el supuesto dueño de lo que a simple vista parecía un típico cafetín marroquí y nos enseñó las habitaciones. El local estaba formado por una planta baja que hacia las funciones de cafetín y tienda donde solo se vendía tabaco y latas de sardinas, tenía una barra, algunas mesas y sillas y como no……. la tele !!!, varios marroquíes estaban allí pasando la tarde, del mismo recinto salía una escalera casi vertical de enormes peldaños que subía al piso superior, había dos habitaciones con dos catres y algunas colchonetas y mantas amontonadas, un cuartucho con agujero en el suelo hacía las funciones de WC y otro cuartucho con dos barreños, un grifo y ningún desagüe era el baño, no teníamos ninguna otra opción y nos quedamos. 

El frío era tremendo incluso dentro de las habitaciones, como ninguna de las puertas cerraba escogimos la habitación interior intentando evitar el frío y ruido de la calle, apartamos los catres, pusimos doble capa de colchonetas en el suelo, los sacos y dos mantas encima, uno de los catres lo utilizaríamos para mantener la puerta de la habitación cerrada y a la vez nos indicaría por el ruido si alguien intentaba entrar. Solamente eran las ocho de la tarde, bajamos al bar a tomar un te para hacer tiempo, vimos las noticias en árabe y un trozo de película de habla inglesa subtitulada en árabe, Jordi llevo el coche a un garaje vecino, pues el dueño del local así nos lo recomendó, argumentando “motivos de seguridad”, allí empezamos a dudar de donde nos habíamos metido, la gente del local también tenía un aspecto un poco peculiar. Subimos a la habitación, nos lavamos un poco en un sucio barreño de plástico, comimos un poco de pan con jamón y a las nueve de la noche estábamos tan ricamente acostados en el suelo de una habitación lúgubre, de un hotel lúgubre en un pueblo que de noche también nos pareció muy lúgubre y rodeados de gente aún más lúgubre. Más tarde oímos como el dueño se iba y cerraba el local a cal y canto dejándonos a nosotros dentro, nos quedamos los dos solos allí encerrados, a 10º C, pero dormimos estupendamente.  

Día 4 de Enero –  Er-Rachidia y la llegada del Rally Dakar

Sobre las 8:30 de la mañana recogimos las cosas, recuperamos el coche, pagamos un total de 65 Dh. por la habitación y el té a la menta (no nos cobró el parking!!!) y nos fuimos sin desayunar, nos quedaba mucha pista por delante y queríamos llegar pronto a Er-Rachidia para ver la llegada del Dakar. Mientras rehacíamos el último tramo de la pista de la noche anterior para coger la de N’Kob nos reíamos dentro del coche comentando que parecía que estuviéramos en un concurso para encontrar el hotel más “cutre”, pues cada noche superábamos a la anterior, por suerte a la vez que bajaba la calidad también bajaba el precio….. de momento!!!.  

La pista que salía hacia N’Kob ascendía por la ladera de una montaña, el paisaje a nuestro alrededor era árido y pedregoso, todo roca, las vistas espectaculares, estábamos cruzando el Jebel Saghro por primera vez, nos habían hablado bien de él y no nos decepcionó, el espectáculo mejoraba a medida que ganábamos en altura. Cuando llevábamos unos 15 o 20 kilómetros de pista, justo pasar un collado, asomó ante nosotros el Café Teze, apareció de repente, en una curva, aprovechando un pequeño rellano al borde del precipicio, como veníamos sin desayunar paramos a tomar un te, apareció un hombre, que fue el que nos preparó el te, dos mujeres que insistieron en que les comprara algo del pequeño y mal surtido mercadillo que tenían montado en el suelo y un niño chiquitín que jugaba con un enorme coche de pedales nuevo e impecable, no compramos nada, pagamos un dineral por el te y nos fuimos.  

A partir de aquí empezamos a descender, increíbles imágenes de postal surgían a nuestro alrededor, cadenas de montañas que parecían inacabables nos rodeaban, picos, agujas de piedra, nos recordó un poco a la zona volcánica del Timanfaya, aunque no tenga nada que ver, lástima que era primera hora de la mañana y con la neblina y el sol de cara no pudimos disfrutar al completo de aquel magnífico y sorprendente lugar.  

Empleamos unas tres horas y media en hacer 65 kilómetros de pista, serían las doce del mediodía cuando llegamos al asfalto, en 25 kilómetros más nos plantamos en Tazarine, luego Alnif. Camino de Rissani se sucedían uno tras otro pequeños puesto fabricados con hojas de palmera donde los niños vendían pequeñas cestas de mimbre llenas a rebosar de dátiles, paramos y compramos una por 20 Dh., así engañamos un poco al hambre, además los dátiles estaban deliciosos, pasamos Erfoud y como eran poco más de las dos del mediodía decidimos no parar para comer hasta llegar a Er-Rachidia, destino final de la etapa.  

Faltaban escasos kilómetros para entrar en Er-Rachidia e íbamos comentando como encontraríamos el campamento del Dakar, la respuesta nos llegó caída del cielo, un enorme avión comercial apareció a nuestra derecha, estaba descendiendo, le seguimos con la mirada y le vimos aterrizar, a su lado 3 o 4 aviones más, carpas, focos altísimos, …allí estaba el campamento del Dakar!!!!  

Localizado el campamento decidimos en primer lugar buscar hotel e ir a comer, llevábamos varias noches durmiendo en lugares no muy confortables y nos hacía falta una buena ducha, nos apeteció buscar un hotel en condiciones y fuimos al Kenzi Rissani, solo entrar nos dijeron “full”, pues nada, todo completo, el Dakar estaba haciendo estragos en Er-Rachidia. Consultamos la guía, el segundo mejor hotel de la población era el M’Daghra, allí que fuimos y más de lo mismo, todo completo. Mientras ya sosteníamos la posibilidad de quedarnos en Er-Rachidia solamente para ver la llegada del Dakar y luego subir hasta Rich para dormir hicimos el último intento en un hotel que vimos en la calle principal, la fachada tenía buena pinta, era el Hotel Meski, probamos y tuvimos suerte, aún quedaban habitaciones, las peores, sin pensarlo dos veces nos quedamos. Fue el Hotel Meski el que nos hizo ganar el premio, habíamos conseguido, si cabía, encontrar un hotel mucho más “cutre” que todos los anteriores y encima caro, 300 Dh. la habitación. El hotel se había quedado anclado en el tiempo, hacía un frío tremendo dentro de las habitaciones, unos 10º C, la calefacción por supuesto no funcionaba, no había agua caliente, los colchones estaban llenos de nudos que se te clavaban en todo el cuerpo, en fin, una joya, transcribo el comentario de nuestra guía ( Sin Fronteras – The Rouge Guide) respecto al Hotel Meski: “se recomienda como opción de reserva si los demás hoteles están llenos”, cuanta razón tenía!!!.  

Dejamos el equipaje y nos fuimos a comer, suerte que esta vez hicimos caso a la guía y acertamos de lleno. Comimos en la terraza del Restaurante Imilchil, en la calle principal, disfrutando del sol de la tarde y viendo desfilar los primeros vehículos que formaban parte del Dakar, la mayoría de asistencia, pero también empezaron a llegar las primeras motos. El menú que elegimos fue salade marocaine, tajine de beuf para mí y poulet grillé para Jordi, café y té, todo delicioso y a muy buen precio, decidimos que repetiríamos para la cena y el desayuno del día siguiente.  

Nos acercamos hasta la entrada al campamento del Dakar, aparcamos al lado mismo del acceso principal y nos montamos encima de nuestro 4x4 para ver como iban llegando los participantes. Llegaron las primeras motos, vimos entrar a Nani Roma, Isidro Esteve y Marc Coma con sus KTM, empezó a caer la tarde y cada vez hacía más frío, ya había oscurecido cuando entre las motos más rezagadas y los camiones de asistencia empezaron a llegar los coches, Schelesser seguido de J. M. Servià fueron de los primeros en llegar, al poco tiempo vimos entrar el Mitsubishi de Masuoka y al equipo Nissan al completo, entre ellos estaban Vatanen y McRae, aunque era muy tarde continuaban llegando motos, el agotamiento se veía reflejado en la cara de los pilotos y el rally solo acababa de empezar, lo peor estaba por llegar, algunos de ellos pasarían la noche en vela para poder salir en condiciones al día siguiente, aquí se ve la diferencia entre las grandes marcas y los participantes independientes.  

Cansados y muertos de frío volvimos al hotel, deshicimos la cama, pusimos una manta debajo de la sábana para evitar los nudos, hicimos la cama otra vez y pusimos tres mantas más que sacamos del armario y de la cama de al lado. Una vez solucionado el tema de dormir tocaba la limpieza personal, el agua salía helada, nos lavamos la cabeza por un lado y el cuerpo por partes, acabamos con las manos moradas por el frío y nos castañeaban los dientes. Muertos de frío cogimos el coche y volvimos al Restaurante Imilchil a cenar, esta vez brochetas, tajine de kefta y zumo de naranja, todo riquísimo, mientras cenábamos aún se veían pasar las motos y coches más rezagados y algunos camiones, para algunos la noche sería muy corta. A las once de la noche volvimos al hotel y nos acostamos en aquel tremendo congelador industrial, aún así dormimos bastante bien.  

Día 5 de Enero -  Aventuras por el Rekkam

 Nos levantamos sobre las 9:00 y nos fuimos a desayunar al Restaurante Imilchil, aún vimos pasar algunos coches y camiones del Dakar, los más rezagados, que salían hacia Ouarzazate, destino final de la segunda etapa marroquí.  

Nos acercamos paseando hasta el Ensemble Artisanal, especie de museo tienda donde se puede ver una muestra de productos locales, cerámicas, latón, madera, cestas hechas de hojas de palmera, etc., el lugar no tiene ningún interés especial y tampoco es un buen sitio para comprar. Volvimos hasta el mercado cubierto, dimos un paseo por la zona e hicimos las últimas compras en las tiendas de su alrededor, una tetera preciosa y una caja de vasos para el té. Continuamos hacia Rich y paramos con la intención de comprar una manta, en primer lugar porque aquella noche teníamos previsto acampar en el Rekkam y allí el frío sería tremendo, y en segundo lugar porque siempre nos han llamado la atención las mantas marroquíes por sus colores chillones que aquí en España ya no se encuentran, además era Miércoles, día de zoco. Paseamos por el mercado de Rich, abarrotado de gente por ser día de zoco, compramos té, pan, mandarinas y como no, después de preguntar precios y mirar calidades en un montón de tiendas, nos hicimos con una manta preciosa y muy chillona, con enormes dibujos de un pavo real y multitud de colores, predominando el rojo, nos costó 300 Dh. Antes de abandonar Rich paramos a ver el mercado de ganado.  

Continuamos por carretera hasta Gourrama, allí cogimos pista y empezamos a seguir una serie de wpts que teníamos guardados en el GPS, el paisaje era impresionante, cruzamos por en medio de una rambla y enfilamos una montaña con increíbles vistas, nos cruzamos con niños que cuidaban del ganado, nos miraban extrañados, la pista no estaba muy marcada, pero aún se veían antiguas rodadas y según el GPS íbamos bien, algunas pequeñas chozas aparecían en lo alto del camino, quisimos parar para dar ropa y comida, pero los niños y gente mayor se asustaba al vernos y se escondían dentro de las casas, muy poca gente debía pasar por allí…, más adelante la pista que seguíamos se cortó de repente, ni por el oued ni por la montaña había salida según nos indicaron por señas los miembros de una familia, ninguno de ellos hablaba francés, solo árabe, les dimos ropa y comida y dimos la vuelta, debíamos rehacer todo el tramo ya hecho.

Paramos a comer en medio de un oued, algunos niños nos miraban de lejos sin atreverse a acercarse demasiado, al final les dimos algunos bolígrafos, al pasar cerca de un pintoresco grupo de mujeres, paramos y les dimos ropa y jabones, hicimos algunas fotos, algunas de las más mayores llevaban curiosas marcas dibujadas en el rostro, suponemos que pintadas con henna.

 

 

 Intentamos dar con la pista buena pero no hubo manera, siempre se acababa cortando por culpa de riadas o poco uso, al final no nos quedó más remedio que volver hasta Gourrama y continuar por carretera hasta Annoual. Al poco rato de coger carretera se nos hizo negra noche, seguimos por aquella estrecha y oscura carretera y antes de entrar en Annoual cogimos una pista rumbo norte, no se veía nada, decidimos acampar a los pocos kilómetros, aunque nos costó encontrar un buen sitio, todo lo que nos rodeaba eran pedregales. Hacía un frío tremendo, tuvimos que cenar dentro del coche con la calefacción puesta, a las nueve de la noche cuando nos acostamos la temperatura ya era de 4º C y continuaba cayendo en picado, nos metimos dentro de los sacos completamente vestidos con dos capas de ropa y nos tapamos con todo lo que llevábamos, suerte de la manta!!!.  

Día 6 de Enero – La subida hasta Nador 

Nos despertó el ruido de un todoterreno que se acercó hasta la puerta de nuestra tienda, miró y desapareció, vimos que llevaba matricula de los emiratos árabes, eran las siete y media de la mañana, hacia un airecillo helado que nos cortaba la piel, el techo de la tienda estaba helado, la temperatura bajo cero, todo estaba empapado, desmontamos el campamento, dejamos la tienda un poco al sol, comimos cuatro galletas que nos quedaban y seguimos la pista rumbo norte.  

A lo largo de la pista se sucedían algunas haimas de pastores, paramos en algunas para dejar la ropa que nos quedaba, todos nos querían invitar a tomar té, solo aceptamos en una de ellas, aún nos quedaba un buen trecho y queríamos llegar pronto a Nador para hacer los trámites y embarcar tranquilamente, sin colas. Sobre las dos del mediodía, ya hartos de tanta pista nos desviamos hasta la carretera y a las 17:30 llegamos a Nador, nos tomamos el ultimo té a la menta en la cafetería del mismo puerto y embarcamos los primeros, cenamos los primeros y posiblemente nos acostamos los primeros, estábamos agotados pero contentos, había sido nuestro mejor viaje a Marruecos, un viaje que nunca olvidaremos.