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Llegamos
a un enorme pozo (estación de bombeo) aparentemente abandonado, pero que
estaba a rebosar de agua, allí la tormenta de arena ya empezaba a ser
considerable, haciendo difícil estar fuera del coche mucho rato. |
| Buscando la entrada del Chott Tigri nos metimos de lleno en un oued, las referencias de la guía eran confusas (creo que los autores también se perdieron en este mismo lugar), cada vez había más y más arena en forma de pequeñas dunas, algunas de ellas infranqueables, dimos vueltas y más vueltas por el oued, pues había un punto GPS que despistaba un montón, nos metimos por tramos de arena bastante complicados, cada dos por tres era necesario bajar del coche a buscar restos de rodadas, la tormenta de arena no perdonaba, llenándonos de arena los ojos, oídos, pelo, todo !!! y borrando al momento nuestras propias pisadas, pero al final dimos con la salida. |
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Por fin, hartos y rebozados de arena, llegamos a la antigua estación de Tendrara, otro escenario sacado de una película de época, donde a parte de la arena que llevábamos rato masticando también aprovechamos para picar un poco y tomar una cervezas bien frías, pues ya eran más de las cinco de la tarde y estábamos casi en ayunas. |
| Antes de coger carretera paramos en otra haima y dejamos toda la ropa que nos quedaba, que fue recibida con gran alegría por parte de las mujeres que allí se encontraban. |
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Seguimos
por carretera hasta Âïn Benimathar, vimos los manantiales que hay a
escasos metros de la población, pero como había mucha gente por allí
rondando, entre ellos el loco del pueblo, decidimos no acampar allí como
habíamos previsto y aunque ya estaba anocheciendo, continuamos un poco más.
Por suerte a pocos kilómetros encontramos un precioso y tranquilo
bosquecillo de pinos y allí acampamos. A medio preparar la cena empezó a
llover y tuvimos que montar el toldo deprisa y corriendo, aunque la lluvia
no evitó que disfrutáramos de una tranquila velada. Día 6
Día
de carretera, paramos en Taourirt a desayunar te a la menta y msémen, Ángel
sacó dinero y yo aproveché para comprar un par de botellas de agua de
rosas.
Paramos en la Kasbah semi deshabitada de Msoun cuya antigüedad se remonta
al reinado de Moulay Ismael (1672-1727) y que aún conserva sus torres y
tres de sus lados amurallados. Dimos un pequeño paseo por su interior y
enseguida se nos juntaron un grupo de tres niñas y un niño que se lo
pasaron de muerte con nosotros y se hartaron de reír al verse en la
pantallita de la cámara digital. A la salida de la Kasbah entramos en el
colegio y saludamos a uno de los profesores, dejando algo de material
escolar. La
siguiente parada fue en Taza, como era día de mercado paramos y estuvimos
paseando media hora larga entre las tiendas, había de todo, cacharros de
cocina, teteras, vasos, lavamanos, flores de plástico, tapices con frases
del Corán, muebles, colchones, frutas, especias, restaurantes tipo
cantina donde humeaban las brasas asando kotban, ropa nueva y sobretodo y
es por lo que se caracteriza este mercado, montones y montones de ropa
usada. Nos tomamos un delicioso zumo de naranja recién exprimido y
continuamos dirección Alhucemas, donde llegamos sobre las seis de la
tarde. Camino
de Alhucemas fuimos observando que los efectos del terremoto eran aún
visibles, a ambos lados de la carretera se podían ver edificios con
tremendas grietas y muchas construcciones nuevas anexas a las viejas, que
no habían soportado les efectos del seísmo. Llegamos al Hotel Mohamed V, vimos unas pancartas al mismo lado de la puerta de entrada, parecía que el personal del hotel estaba en huelga y luego nos enteramos de que así era, pero aquello no impedía alojarse en el hotel y allí nos quedamos. |
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Jordi y yo dimos un paseo con Eura hasta la playa, de vuelta al hotel nos dimos una merecida, a la vez que necesaria, ducha y nos fuimos a dar un paseo por la ciudad. |
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Nos
encontramos con Ángel y sin saber donde cenar, pues no vimos ningún
restaurante que nos convenciera y nos apetecía mucho cenar pescado,
paramos a un taxi y le preguntamos si conocía algún buen restaurante
para cenar pescado fresco. Dicho y hecho !!!, nos llevó hasta el puerto y
nos dejó en la misma puerta de un restaurante, que según él era el
mejor de Alhucemas (como no !!!) y el primero que se montó en su día.
Cuanta razón tenía el hombre, cenamos de maravilla, ensalada, gambas,
chocos, salmonetes, pargo y de postre una enorme bandeja de fruta fresca.
Volvimos andando hasta el hotel para digerir un poco aquella copiosa cena
y mientras Jordi y Ángel se fueron a tomar un café,
yo di un pequeño paseo con Eura y la acosté. Día
7
Madrugué
y bajé con Eura a la playa, no había nadie y la pude dejar suelta para
que paseara a sus anchas. Desayunamos en una pastelería y nos pusimos
morados (tostadas con mantequilla y mermelada, pastelitos, zumo de naranja
y te a la menta), compramos pan y mientras yo me fui al hotel para recoger
la habitación y meter los bártulos en el coche, Jordi y Ángel se
metieron en el Instituto Español de Alhucemas, donde estuvieron hablando
con una de las profesoras. Salimos
de Alhucemas por la carretera de la costa y nos acercamos a ver un
complejo hotelero de lujo, situado a pocos kilómetros, entramos a
cotillear y a preguntar precios. Una vez visto y después de dar unas
cuantas vueltas buscando la pista correcta nos metimos en el Parque
Natural de Alhucemas y seguimos por pistas de montaña con espectaculares
vistas al mar y a los acantilados, cruzando la espectacular cordillera del
Rif, con abundante y pintoresca vegetación, siempre paralelos a la costa. Llegamos a una pequeña aldea rifeña y buscando la pista correcta nos encontramos con un colegio, justamente en el momento en que los niños llegaban para empezar las clases de la tarde. Paramos los coches en la misma puerta y nos acercamos, los niños salieron corriendo asustados, pero en aquel momento llegó el profesor y puso un poco de orden. Nos invitó a entrar a la escuela y nos contó que la ayuda que recibían del gobierno era mínima, algo de tiza para la pizarra y poca cosa más, que todo corría a cuenta de cada una de las familias que decidía escolarizar a sus hijos. |
| Seguimos
por una pista, cada vez más estrecha y complicada hasta que nos fue
imposible pasar, estaban excavando para hacer las conducciones del agua y
se habían llevado media pista por delante. Mientras Jordi miraba si era
posible continuar me puse a hablar con una mujer rifeña, entre el poco árabe
que sé y la mímica entendí que no se podía circular por las obras del
agua, me enseñó su casa, tanto la vieja que se cargó el terremoto,
hecha de adobe, de la que ya no quedaba casi nada como la nueva, incluso
tenían su propio pozo en un patio interior y un establo con ovejas. La
mujer me invitó a que entráramos a comer y a tomar un té, pero, como
siempre suele pasar, íbamos mal de tiempo y tuve que rechazar su amable
oferta. |
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Cenamos
disfrutando de aquel espectáculo de luces y colores y nos acostamos sin
saber la que se nos venía encima, pues la noche fue movidita. Serían las
dos o las tres de la madrugada cuando un tremendo vendaval nos obligó a
recoger el campamento y a mover el coche de sitio por miedo a ser
arrastrados de lleno al precipicio. Día
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