|
2 de Agosto – Sábado:
Juan, el sevillano de Valladolid
Son más de las tres
de la tarde y hacemos entrada en Tarifa, acabamos de hablar con Ángel por
el móvil y nos espera en el puerto para ir a comer. Hace un vendaval
tremendo, justo en la entrada del puerto vemos una pareja de hombres
cogidos de la mano, uno de ellos con una preciosa chilaba plateada y
cubierto con capucha, su compañero, sin que destaquen mucho sus ropajes,
tiene la misma pinta de moro que él, dentro del coche comentamos:
Àngels: ¿
“eso”... de allí... qué es?
Jordi: yo que sé...
vaya pinta, ¿no?
A: deben ser dos
moros... y van cogidos de la mano
J: vete a saber lo que
son...
Se acercaron hasta
nuestro coche y se quedaron pegados a la ventanilla, nos quedamos los dos
boquiabiertos mirándoles hasta que una fuerte ventolera le levantó la
capucha al de la chilaba..... juá juá juá, risas y más risas... el que
estaba debajo de la chilaba era Ángel, nuestro compi de Sevilla y a su
lado un amiguete suyo que se apuntó a la aventura de este año. Fue así
como conocimos a Juanín.
El ferry venía con un
par de horas de retraso con lo cual tuvimos una larga y tranquila
sobremesa. Llegamos a Marruecos con las últimas luces de la tarde, nada
que ver con la tranquilidad de Tarifa, el puerto de Tánger quedó
colapsado por la llegada casi simultánea de tres ferrys, nunca nos habíamos
encontrado con semejante jaleo, colas sinfín de marroquíes que volvían
a su país eran sometidos a escandalosos registros de equipaje y se sucedían
multitudinarias pitadas, largas y ensordecedoras, ....tardamos horas en
salir de allí. Cenamos y pasamos la noche en un hotel a las afueras a
Asilah.
3 de Agosto –
Domingo: Karima, la chica marroquí
Coche, coche y más
coche.... en toda la mañana solamente paramos para poner gasoil y tomar
el primer té a la menta, todos veníamos con el “mono”. Por mucho que
uno se esfuerce al prepararlo, en casa nunca sabe tan rico como en
Marruecos.
Comimos en el puerto
de El Jadida, bonito pueblo pesquero que aún conserva las murallas de su
antigua medina portuguesa. Los chiringuitos del puerto estaban
abarrotados, había una humareda tremenda y el pestazo a pescado frito era
insoportable, nos agobiamos y nos metimos en un cafetín cercano, donde
todos apilados en una sucia y pegajosa mesa comimos ensaladas, gambas y
pescadito frito.
A media tarde
llegamos a Essaouira, Ángel empezó a dar vueltas y vueltas hasta que de
repente se paró en un callejón muy tranquilo, justo al tiempo de bajar
de los coches se abrió la puerta de una casa y salió una chica joven,
morena, ojos bonitos y mirada misteriosa, iba vestida con ropas
occidentales pero sus rasgos eran árabes: -“aquí está la cosa más
guapa de Marruecos” dijo Ángel, era Karima. Solo llegar nos metió a
todos en su casa y nos sirvió un té a la menta, símbolo de la
hospitalidad marroquí, acompañado de unos pastelitos que estaban de
muerte.
Pasamos una tarde
muy tranquila en compañía de Karima, su hermano Adil y la novia de este,
Virginia.
Cuando nos cansamos
de zoquear por la preciosa medina de Essaouira regresamos a casa de Karima
para cenar, allí nos esperaba un banquete de impresión, imposible de
describir por no conocer el nombre correcto de estos platos de cocina
tradicional marroquí. Empezamos con una ensalada muy bien surtida y de
espectacular presentación, seguimos con un tajine de ternera guisado con
ciruelas y almendras, ...me parece que después de esto ninguno de
nosotros era capaz de comer más... y entonces llegó el remate final, una
especie de hojaldre de carne con frutos secos y canela, exquisita mezcla
de dulce-salado, sandía de postres y a la cama. Esta fue sin duda una de
las veces que mejor hemos comido en Marruecos.
4 de Agosto –
Lunes: Aluminosis
Otra larga y pesada
etapa de coche. Pasamos Agadir y Tiznit, paramos a comer en un chiringuito
de carretera antes de Goulmine, huevos fritos con tomate, “brochettes”
y “frites”, de postre té a la menta, todo muy rico.
 |
Continuamos y al pasar
por Tan-Tan descubrimos que la romántica puerta de entrada con los
dos dromedarios dándose el beso ya no es tal, pues uno de ellos se
ha convertido en un montón de escombros apilados en la cuneta, ¿será
aluminosis?. |
Llegamos al Puerto
de Layoune y cenamos y dormimos en Casa Josefina, como siempre.
5 de Agosto –
Martes: Dakla, la desconocida
Paramos a la salida
del Puerto de Layoune para hacer fotos a la cinta transportadora de
fosfatos, dicen que es la más larga del mundo.
Tiramos hasta
Boujdour, allí nos tomamos un par de tes a la menta, compramos sandía y
melón para las etapas de desierto, Rafa –el Pápa- no lo puede remediar
y va a la “Patisserie Manolo” a por su dosis de pastelitos.
| Hoy toca etapa de
relax, nos lo tomamos con mucha calma, paramos para hacer la típica
foto del cartel que indica las distancias kilométricas y también
hacemos un montón de fotos con las señales de “peligro
dromedarios”.
|

|
Pasamos un sinfín
de controles, como es normal en el Sahara Occidental, cada vez piden más
datos (fecha de emisión/caducidad del pasaporte, lugar de emisión, fecha
de entrada a Marruecos, etc).
Pasadas las tres de
la tarde hacíamos entrada en la espectacular y para nosotros desconocida
bahía de Dakla, el tiempo no acompañaba, el día estaba muy nublado con
tendencia a empeorar y hacía muchísimo viento, aún así el mar tenía
un color turquesa especialmente bonito, como era tarde nos fuimos
directamente a Casa Luis a comer.
Tarde tranquila, la
temperatura bajaba a medida que caía la tarde, el termómetro del coche
marcaba 18º, nos pusimos la poca ropa de abrigo que llevábamos y fuimos
a pasear por Dakla, la antigua Villa Cisneros.
Aunque no hay mucho
que ver en Dakla, fue un placer callejear y disfrutar del apacible
ambiente de esta ciudad, la gente es muy amable, no hay agobios, nos
metimos en algunas tiendecillas buscando té verde y aprovechamos para
cotillear todo lo que allí tenían expuesto, que no era poco. Después de
tantos viajes a Marruecos aún me quedo hipnotizada viendo las pirámides
tan perfectas de especies de atrayentes colores y aromas, y me sigue
gustando oler, tocar y preguntar que son todas aquellas hierbas,
condimentos y demás mercancías que se amontonan en grandes sacos. El
Pápa se metió en una especie de lechería-pastelería de dudosa
apariencia y haciendo honor a su glotonería se zampó en un plis-plas uno
de esos yogures caseros que se venden por Marruecos.
 |
Paseando, paseando
llegamos otra vez a Casa Luis, donde ya nos esperaban para cenar,
teníamos reservadas un par de langostas por cabeza y aunque este no
es uno de mis platos favoritos, bien al contrario, reconozco que
estaban realmente exquisitas.
|
6 de Agosto –
Miércoles: Pep, un catalán en Nouadhibou
Continúa el mal
tiempo en Dakla, desayunamos como reyes en la terraza del Samarcanda,
aprovechamos las últimas horas en Marruecos y nos ponemos morados de
pastelería marroquí, zumo de naranja y té a la menta.
A las 9:00 salimos
de Dakla, la mañana transcurre tranquila, solo hacemos dos paradas para
rellenar jerris y tomar un té. A las 13:00 llegamos al primer control de
la gendarmería marroquí (control de vehículos, carta gris, sellado del
papel verde y revisión del número de chasis y del interior del vehículo).
13:15 Segundo control. Aduana.
Sellado de pasaportes. 13:30
Tercer control y último. Revisión de pasaportes y entrega de las
típicas
“fichas” de datos.
Este año ha ido
todo bien, rápido y sin problemas. Cogemos la antigua carretera española,
al primer kilómetro el Pápa ve una carretera perfectamente asfaltada a
nuestra izquierda, va hacia ella, la coge y se va a toda leche, Ángel le
sigue y Jordi se niega en rotundo: -“si el año pasado fuimos por aquí,
este año también, yo voy a seguir el track”.
Continuamos por la
antigua carretera española y sin más llegamos al primer control militar
de Mauritania, no sabemos nada de Rafa y Ángel, hace rato que les hemos
dejado de copiar por la emisora.
| Los puestos militares
de entrada a Mauritania son simples y minúsculos barracones hechos
de piedra, con un par de camastros en el interior, pues los guardias
pasan aquí las 24 horas, comen, duermen y hacen los trámites de
aduana dentro del mismo habitáculo.
|
 |
A simple vista el
primer control parecía abandonado, nos pasó por la cabeza que se hubiera
trasladado la frontera a la carretera nueva que habían cogido los otros
dos coches, pero enseguida salió un militar y nos confirmó que aquel era
el único y obligado paso de entrada al país, con lo cual nos sentamos a
esperar, en algún momento Rafa y Ángel darían la vuelta.
Era la hora de comer
y nos invitaron a compartir su comida, entramos al barracón y en el suelo
había una fuente de arroz guisado con verduras, los tres militares
estaban sentados en el suelo y nos invitaron a hacer lo mismo, Jordi optó
por coger el coche y deshacer un poco el camino para intentar contactar
por la emisora con los “perdidos”, Mabel y Àngels se sentaron a comer
con los mauritanos.
Evidentemente
comimos con las manos, cuando
acabamos con el arroz nos sacaron una sandía, la partieron por la mitad y
la dejaron en el suelo, encima de la arena, todos íbamos metiendo las
manos dentro para comer, tanto Mabel como yo acabamos pringadas de jugo de
sandía hasta las orejas.
Al poco tiempo
aparecieron los “perdidos”, nos registraron a todos en una lista,
preguntándonos la profesión y continuamos hasta el segundo control,
situado a unos 200 metros, donde es necesario rellenar un impreso del cual
té quedas copia y pagar 10 euros por vehículo. También estaban
comiendo, esta vez las mujeres se quedaron en el coche, pero los militares
les insistieron a los chicos para que éstas entraran a comer, Mabel no
quiso y Àngels para no hacerles un feo entró con la única intención de
saludar y agradecer la invitación, pero una vez dentro, bajo tanta
insistencia acabó comiendo.
El menú era el
mismo, un guiso de arroz, pero esta vez llevaba trozos de dromedario, me
limité a comer solamente un poco de arroz y a evitar la carne, pero hasta
que no cogí un cacho de carne no me dejaron tranquila, lo estuve
mordisqueando un buen rato, pero mi dentadura no podía con él, estaba
duro como una piedra, lo tuve un buen rato dando vueltas por la boca hasta
llegar al coche y allí lo escupí.
Continuamos hasta el
tercer y último control, entregamos el formulario que llevábamos
preparado pues el año anterior nos llevamos unas copias, pero este año
habían cambiado alguna cosa del texto y llevaban un sello, asi que no
servian, finalmente pagamos 10 euros más
por coche. Trámites finalizados, ya estamos en Mauritania.
 |
Cogemos la pista hacia
Nouadhibou, el Pápa coge velocidad y desaparece, a partir de hoy
pasaremos a llamarle “mic-mic”, pasa el rato y continuamos sin
verle, le decimos por la emisora que vuelva hasta donde estamos,
pues la pista va por allí, para que nos vean desde lejos Jordi se
sube al techo y hace ondear la bandera marroquí, por la emisora
escuchamos: “enfrente vemos un coche con algo rojo en lo alto”,
por fin nos han localizado, les observamos a lo lejos como se van
acercando y los últimos 300 metros los hace campo a través, es
zona de minas.
|
Retomamos la pista y
al cabo de unas horas llegamos a Nouadhibou, el Discovery ha partido de
cuajo el soporte del segundo amortiguador trasero izquierdo, al Mitsubishi
no le funciona la emisora y el Aníbal tiene problemas con la batería, en
resumen, nada grave, todo tiene fácil solución.
En primer lugar
vamos a cambiar moneda y luego a sacarnos los seguros de los coches,
mientras estamos haciendo el papeleo aparece Pep, un catalán que lleva más
de seis años en Nouadhibou trabajando en la exportación de pescado y que
conocimos el año pasado en la playa de Tafarit. Nos acompaña hasta el
camping donde habíamos decidido alojarnos los dos días y una vez
descargados los coches nos vamos todos a cenar al Hogar Canario, pedimos
pulpo, lubinas, doradas, etc, todo está de fábula, nos ponemos morados
de pescado. Después de cenar nos vamos a casa de Pep, allí tomamos café
y unas copas, charlando-charlando nos dan las dos de la madrugada, cogemos
los coches y nos volvemos al camping a dormir, ha sido un día muy largo.
7 de Agosto –
Jueves: Cap Blanc y la foca monje
Etapa tranquila en
Nouadhibou. Nos levantamos tarde, Ángel ha ido a comprar fruta para el
desayuno y nos la comemos en el mismo camping, melón, manzanas, peras,
mango y zumo de naranja, todo muy rico, pero
cientos de moscas nos comen vivos.
Empleamos la mañana
en reparar coches, reestructurar cargas, hacer la colada, etc, a media mañana
viene Pep a por nosotros. La primera parada es en el taller de Carmelo, un
canario amigo de Pep, allí podemos soldar el amortiguador, mientras Jordi
y Ángel se quedan trabajando en la reparación, los demás nos vamos con
Pep a hacer un pequeño tour por el puerto pequeño.
Finalizado el paseo
y la reparación nos acercamos a Cap Blanc, de camino paramos para hacer
alguna foto del cementerio de barcos.
En Cap Blanc también
vimos un barco mercante recién encallado, solo llevaba allí un par o
tres de días, se veía a la gente subir y bajar y oíamos el ruido de los
motores, es una lástima como tantísimos barcos, algunos de gran tamaño,
mueran allí sin poder hacer nada para devolverlos a mar abierto.
Nos acercamos
dando un bonito paseo y disfrutando del paisaje hasta el borde de
los acantilados y tuvimos la suerte de ver una foca monje y
presenciar en directo como perseguía a un gran pescado que al final
acabó en su comida.
| De vuelta nos desviamos
de la carretera y llegamos hasta La Gouira, teníamos ganas de ver
como era, especialmente Juanín que se tiró allí un par de años
como legionario, como era de esperar no nos dejaron pasar. Dimos una
vuelta por Cansado y regresamos a casa de Pep para comer.
|
 |
Pasamos una tarde de
relax absoluto y por la noche preparamos una cena especial, tanto por ser
la última noche que pasábamos con Pep en Nouadhibou, como porque celebrábamos
tres cumpleaños. El menú fue de escándalo, langostas en abundancia y
tres herreras bien grandes, el cocinero Juan se merece un aplauso, pues
todo le quedó delicioso y como punto final un estupendo pastel de
triple-cumpleaños con velitas incluidas.
8 de Agosto –
Viernes: La pista de la vía
Salimos de
Nouadhibou sin prisas para coger la pista de la vía hasta Choum, a los
pocos kilómetros el Mitsubishi se queda enganchado en la arena.
Cerca del mediodía
paramos en un pozo donde literalmente “nos regamos” vestidos, hacía
mucho calor y resultaba agradable llevar la ropa empapada. Al lado del
pozo vimos un par de haimas y nos acercamos a saludar, solo bajar de los
coches se nos acercó un mauritano con chilaba, que saludó a los hombres
del grupo con un fuerte apretón de manos, a las dos mujeres ni nos tocó,
puesto que la mujer se considera impura y nos mandó a las dos a la haima
de mujeres. Allí nos recibieron tres mujeres jóvenes, la madre y una niña
preciosa, la madre estaba batiendo leche de cabra en un enorme cuenco, que
luego nos ofrecieron para beber, también nos ofrecieron una bandeja de dátiles
y tajine de cordero.
|

|
Comimos un poco y luego
nos vistieron con el típico vestido mauritano, similar a un sari de
la India, nos enseñaron como se ponía y nos regalaron uno a cada
una, salimos de allí bien ataviadas. Cuando ya estaban a punto de
ponernos la henna tanto en las manos como en el pelo, los chicos
decidieron que era momento de irse y nos llamaron para que saliéramos,
a ellos no les habían ofrecido ni un triste té.
|
Continuamos por la
pista de la vía, arena y más arena, solo paramos un momento para comer,
nos pusimos todos debajo del toldo de Ángel y comimos una sandía, hacía
mucho calor y quedaban muchos kilómetros por delante, no apetecía comer
demasiado.
A media tarde
decidimos parar y preparar la acampada con tranquilidad, pero nos
sorprendió una impresionante tormenta de arena que se lo llevaba todo por
delante, la visibilidad era nula, lo recogimos todo y continuamos, se
empezaba a hacer de noche, a lo lejos vimos una cabañita de adobe y
decidimos parar allí, el sitio no tenía mal aspecto, preguntamos a los
vecinos y supuestos propietarios si podíamos pasar la noche allí y así
lo hicimos. Cenamos dentro de la casita, el calor era tremendo, suerte que
la tormenta disipó y pudimos salir a tomar el fresco, mientras estábamos
allí a oscuras, disfrutando del fresco de la noche, aparecieron de
repente unas sombras, vinieron con tanto sigilo que nos pegaron un buen
susto, eran los vecinos. Se trataba de un hombre acompañado de dos
chiquillos, nos saludaron y se sentaron a una distancia prudencial,
cualquier diálogo fue imposible, no entendían nada de francés, les
ofrecimos un poco de comida y bebida y al cabo de un rato desaparecieron
con amistosos saludos. Al cabo de poco se repitió la operación, pero
esta vez las que vinieron fueron las mujeres.
Concluidas las
visitas decidimos acostarnos, hacía tanto calor que pusimos los colchones
a cielo abierto y así pasamos la noche, aunque de madrugada empezó a
refrescar y algunos de nosotros nos trasladamos al interior de la cabaña.
9 de Agosto – Sábado:
La pista de la vía, 2ª parte
| Después de desayunar
levantamos campamento y continuamos por la pista de la vía hasta
Choum.
|
 |
Es un día de arena,
arena y más arena, algunos tramos se hacen realmente largos y
complicados, es necesario circular a bastante velocidad y con las
presiones al mínimo, la dureza del recorrido es evidente y las máquinas
se resienten. El Discovery rompe por segunda vez el soporte del segundo
amortiguador trasero, el Mitsubishi sufre varias enganchadas, pincha y se
carga la plancha de protección de bajos en un salto de duna.
 |
A media tarde llegamos
a Ben Amira, el segundo monolito más grande del mundo y por
supuesto el más grande de toda África, es realmente inmenso, su
enorme tamaño se aprecia al hacer la fotografía con el Mitsubishi
parado en su base.
|
Llegamos sin más a
Choum y cogemos la pista que nos llevará a Atar, estamos un poco rotos y
buscamos un sitio confortable para dormir, nos decidimos por el Hotel
Waha, cenamos allí mismo una especie de
sopa, pescado seco y pollo de aspecto dudoso. Nos acostamos pronto,
han sido dos días muy duros, pero han valido la pena, la pista de la vía
ha sido toda una experiencia.
10 de Agosto –
Domingo: “Boucle de
Terjit”, la maldición
Decidimos tomarnos
el día con tranquilidad, ir hasta el oasis de Terjit, hacer pocos kilómetros,
pasear y disfrutar del lugar, estas eran nuestras intenciones, pero... que
poco durarían !!!, en África las cosas se complican en cuanto menos te
lo esperas.
Desayunamos
tranquilamente en el hotel, cogimos los coches y nos fuimos rumbo a
Terjit, el tiempo no acompañaba en absoluto, no paraba de llover, antes
de llegar al desvío donde se coge la pista vimos como el oued se había
llevado la carretera por delante. Ayudamos a algunos coches mauritanos a
pasar, era necesario cruzarlos con eslinga, el oued bajaba con gran
caudal. Más adelante nos enteraríamos de que este año las lluvias habían
hecho acto de presencia después de siete años sin llover, y además habían
sido y estaban siendo muy abundantes.
Una vez en la pista,
en lugar de ir directamente al oasis decidimos hacer lo que se conoce como
“boucle de Terjit” y disfrutar del lugar, a la vez que hacíamos
tiempo para que dejara de llover. El paisaje era espectacular, el
contraste de las dunas con montañas pedregosas y el verde de los oasis
daba lugar a escenas de postal.
| Paramos en un poblado y
algunos niños se acercaron hasta nosotros, les dimos parte de
nuestra comida, zumos y algunos bolígrafos y caramelos, una de las
niñas llevaba una pintura preciosa en la mano y ella bien que lo
sabía, aprovechándose de ello para ser el centro de nuestra atención. |

|
Debíamos coger una
pista a la izquierda, pero no la vimos y pasamos de largo, la arena estaba
muy blanda por la lluvia, el Discovery quedó enganchado al parar para
poner la reductora y no hubo manera de sacarlo ni bajando presiones,
tuvimos que tirar de eslinga.
 |
Pasamos por lugares de increíble belleza,
cruzamos un espectacular cañón entre dunas para luego escalar una
tremenda cuesta, desde la cumbre se podía disfrutar de una impresionante
vista panorámica de aquel insólito lugar.
|
Intentamos buscar
una pista que nos llevara hasta Oujeft y de allí a Terjit, pero todos los
intentos fueron en vano, hicimos kilómetros y más kilómetros, cruzamos
pintorescos poblados excavados en la roca, subimos y bajamos montañas,
cruzamos pedregosos oueds secos, atravesamos valles, y cuando ya estábamos
muy cerca de nuestro destino nos encontramos con un enorme oued que nos
barraba el paso, cualquier vadeo era impensable, el oued que apareció
ante nuestros ojos era profundo, ancho y muy caudaloso, fue necesario
sacar mapas, poner en marcha el portátil y buscar alternativas, un
tranquilo día de paseo se estaba complicando por momentos por causa de
las condiciones climáticas.
| Pero todo tiene su
premio, el lugar era de extraordinaria belleza, los tonos naranjas
de la arena, el verde de las palmeras, el enorme oued, todo tenía un color especialmente bonito contemplado con las
últimas luces de la tarde e hizo que nuestros ánimos aún no
decayeran. |
 |
Pues nada, vuelta
para atrás y más kilómetros para intentar salvar el oued y llegar a
Oujeft, la pista era mezcla de arena con algunos tramos de piedras, el día
comenzaba a ser interminable, llevábamos horas y horas en el coche,
cuando el GPS marcaba solo 4 kilómetros en línea recta para llegar a
Oujeft, nos volvimos a encontrar con el mismo oued en los morros, no nos
lo podíamos creer, tampoco pudimos continuar, aquí si que los ánimos
empezaron a decaer, el Mitsubishi no acababa de ir bien, además perdió
lo poco que le quedaba del parachoques con matrícula incluida y
aprovechamos la parada para quitarle el resto de plancha de
protección, pues al llevarla suelta hacía un ruido ensordecedor que
destrozaba los nervios a cualquiera.
Empezaba a
oscurecer, solo había dos soluciones, una era plantar tiendas y pasar la
noche allí, esperando que bajara el caudal del oued y al día siguiente
se pudiera cruzar, la otra dar la vuelta y buscar la pista de Atar a
Chinguetti hacia el norte de donde estabamos, desconociendo como estarían las pistas y
sabiendo que en ello podíamos emplear unas 3 o 4 horas. Ya era negra
noche cuando decidimos continuar hasta Atar, más y más pista, algunos
tramos inundados nos obligaban a bajar del coche y buscar con linternas la
mejor salida para retomar el camino, nervios, cansancio, el Discovery
partió el otro soporte del doble amortiguador que le quedaba, al
Mitsubishi no le funcionaba el embrague, llegando al hotel de milagro,
pues ya casi no le entraban las marchas. Sobre la una de la madrugada entrábamos
exhaustos en Atar, poniendo fin a aquel tormentoso día, que en principio
tenía que ser de relax y pocos kilómetros. El Pápa lo tenía claro:
-“mañana me voy para Madrid, con el coche así es imposible
continuar”.
11
de Agosto – Lunes: Terjit, vergel en el desierto
Afrontamos el nuevo
día más tranquilos y descansados, con ganas de solucionar los problemas
y seguir adelante con el viaje, aunque algunos ya tenían ganas de irse a
Nouakchott y tirar de hotel y playita.
El Mitsubishi está
muy perjudicado, la primera visita del día es a un taller mecánico, hoy
estamos de suerte y las cosas empiezan a salir bien, el problema no era
tan grave, se había caído el tapón de vaciado de la transfer y se quedó
sin gota de aceite, todo queda solucionado al poco rato, solo nos falta
buscar un pedazo de cartón y un rotulador y hacerle una matrícula nueva.
|

|
Ya más calmados y con
ánimos renovados nos dirigimos al fin a Terjit, llegamos cerca de
mediodía, el sitio es realmente bonito, y más después de tantos días
de lluvia, paseamos por la estrecha garganta, no paraba de caer agua
por aquellas paredes de piedra que aparecían cubiertas de verde,
con gran cantidad de musgo y helechos colgando como si de
estalactitas se tratara. Nosotros dos incluso nos bañamos en una
poza natural creada con el agua de las últimas lluvias, el resto de
compañeros nos trataron de locos, asegurando que podíamos coger
desde una hepatitis hasta bilharzia, pasando por alguna que otra
sanguijuela, pero el baño nos sentó divino y lo que tenga que ser
será. |
Dejamos Terjit y de
vuelta paramos en Azouigui, cuna de los Almorávides en el siglo XI, nos
acercamos hasta el oasis y comimos de picnic en medio del palmeral. A
media tarde ya estábamos de regreso al hotel, incluso nos echamos una
buena siesta, quizás aquel día fue lo más parecido a unas vacaciones.
|