12 de Agosto – Martes: Chinguetti, 7ª ciudad santa del Islam

Llegamos a Chinguetti al mediodía, paramos en “l’ Auberge des Caravanes” para tomar un té, el sitio es realmente bonito y muy acogedor, tomamos nota del lugar para otras ocasiones. La parada se alargó más de la cuenta, pues aquí en Mauritania el se te toma en tres fases, el primer te es fuerte como la vida, el segundo amargo como la muerte y el tercero dulce como el amor, y como la prisa mata, pues entre te y te pasaron minutos y más minutos, tantos que no nos quedamos a esperar el tercero, y eso que es el más delicioso.  

Entramos en la cooperativa artesanal de las mujeres de Chinguetti, sucio y destartalado lugar donde se amontonaban sin orden alguno singulares objetos de artesanía bastante deteriorados, algunas alfombras de vivos colores colgaban de los telares, Juan se compró una de preciosa.  

Nos acercamos con los coches hasta el oasis, Jordi al ver el estado de la arena no se pudo controlar y se metió de lleno hacia el interior del desierto, todos le siguieron y estuvieron un buen rato subiendo y bajando dunas, esto el año pasado hubiera sido impensable.

 

Aparcamos los coches bajo el gran depósito para aprovechar su sombra y nos fuimos a pasear por las estrechas calles de la ciudad, la mayoría medio enterradas por la arena, hasta llegar a la mezquita, curiosa construcción en piedra seca y único edificio que aún se conserva en buen estado dentro de la parte vieja. Chinguetti fue en su día (siglo XVIII) una ciudad muy prospera, contaba con 12 mezquitas, caravanas de hasta 20.000 camellos pasaban por la ciudad cargadas de sal, goma arábiga y demás mercancías, actualmente esta ciudad está muriendo al ser comida día a día por el desierto.  

En la ciudad existen varias bibliotecas privadas donde se conservan magníficos manuscritos, algunos cuentan con más de mil años de antigüedad y han sido recogidos y guardados por los miembros de la familia a lo largo de los años, es impresionante ver la perfecta caligrafía que reflejan estos libros, utilizados en su día por los eruditos de la región. Nos decidimos a visitar una de las bibliotecas, la más antigua de la ciudad, que pertenece a la familia Melaïnine, pero debemos esperar, pues el dueño es el imám y es la hora de la plegaria.

Dejamos Chinguetti y partimos hacia Ouadane, llegamos a media tarde, damos un paseo las calles de la ciudad vieja y buscamos un sitio para pasar la noche, ningún albergue nos convence, con lo cual decidimos acampar.

 

13 de Agosto – Miércoles:  Guelb Er Richat, el cráter  

 

Nos levantamos a las seis de la mañana, desayunamos, desmontamos la parada y nos fuimos a Guelb er Richat, un cráter de unos 40 kilómetros de diámetro constituido de tres círculos concéntricos, sus dimensiones son de tal magnitud que solo puede apreciarse desde el aire que se trata de un cráter.

 La pista que conduce hasta allí tiene mucha arena y nos obligó a bajar presiones y a rodar bastante rápido, una vez se llega a los primeros anillos el paisaje cambia de repente y la pista se vuelve pedregosa, con riesgo de pinchazos. Guiados por el GPS llegamos hasta el mismísimo centro del cráter, justo en el mismo centro se encuentra un albergue que estaba vacío y cerrado al público, según leímos en la guía solo funciona en temporada alta, es decir, desde Octubre hasta Abril. 

Visto el cráter volvimos a Ouadane, el Mitsubishi empezó a tener problemas otra vez, debía parar de vez en cuando pues se calentaba, ya en el último tramo el Santana Anibal tiró de el, esto nos hizo descartar la opción de volver a Chinguetti por la complicada pista de arena y continuamos por la pista buena hasta llegar a Atar.  

14 de Agosto – Jueves: Nouakchott, el peor hotel

Visto el estado del Mitsubishi ni se nos pasó por la cabeza la opción de bajar hasta Tidjikja por pista y nos fuimos a Nouakchott. Llegamos a la hora de comer y nos fuimos directamente al Monotel, vaya desastre, no tenían casi comida, con lo cual nos trajeron todo lo que les quedaba sin dejar opción a elegir, de postre nos sirvieron un helado casero, que por cierto estaba malísimo, con tenedores, pues no tenían más cucharillas y las pocas que tenían llevaban la inscripción  de alguna compañía aérea, el café más de lo mismo, nos lo sirvieron con tenedores. Pasamos una tarde de relax en la piscina del hotel mientras los demás se fueron a dar un paseo por la playa, donde según nos contaron, descubrieron un hotel muy bonito.Cenamos en el Restaurante Taska Karaokè, bastante caro pero todo estaba delicioso.  

15 de Agosto – Viernes: El Río Senegal

Cogimos la carretera de la esperanza, el paisaje que nos acompañó los primeros kilómetros era árido, dunas y más dunas de un color naranja especialmente bonito aparecían y desaparecían a nuestro alrededor, pero a medida que avanzábamos hacia el interior se notaban cada vez más los efectos de las lluvias torrenciales de los últimos días, el desierto aparecía cubierto de un manto de hierba, parecía un campo de golf, algunos tramos estaban completamente inundados y los dromedarios pastaban alegremente con las patas en remojo. Comimos en ruta, la idea era acercarnos hasta el río Senegal y a media tarde llegamos a Bogué, pequeña y apacible población situada en la misma orilla del río, se notaba que no es paso fronterizo por la tranquilidad que allí se respiraba.  

Nos acercamos a la orilla del Río Senegal, la pista que nos condujo hasta él estaba plagada de termiteros, algunos de ellos gigantes. Ya en la orilla vimos un pequeño poblado al otro lado con las típicas chozas de paja, ellos también nos habían visto, empezamos a saludar, gesticular y dar voces para que se acercaran, pues vimos que disponían de una pinaza de madera, hablaban entre ellos, se lo pensaban, nos miraban, se lo volvían a pensar y al final cuatro mujeres, una de ellas con un bebé atado a su espalda, se montaron en la pinaza y empezaron a aproximarse, que no fue tarea fácil, pues tenían que sortear la fuerte corriente. Cuando por fin consiguieron llegar les dimos ropa, comida, caramelos, bolígrafos y todo lo que encontramos, rebuscando como locos dentro de los coches, que nos pareció les podía ser de utilidad, les hicimos fotografías y pasamos un agradable rato con aquellas simpáticas gentes de Senegal. Cuando nos dimos cuenta otra pinaza de otras chozas más lejanas también venía hacia nosotros, la pinaza de antes también volvía con un montón de chiquillas, algunas bien niñas y más pinazas aparecían a lo lejos, nos fuimos sin más para evitarles el faenón de cruzar el caudaloso Río Senegal, pues ya no nos quedaba nada para dar.  

Para volver hacia el hotel teníamos que atravesar las inundadas calles de Bogué, evitamos una de ellas por estar literalmente sumergida y nos metimos por la siguiente, el Mitsubishi pasó de puro milagro, creo que Rafa incluso rezó en los últimos metros para conseguir salir indemne de allí, a continuación pasó el Aníbal, se metió demasiado hacia el centro y se “quedó” de llenó, no pudo elegir sitio peor, en medio de una sucia calle llena de agua estancada, si el coche se llega a inclinar un poquitín más el pobre Juan cae de morros en medio de aquel tremendo lodazal, el Discovery lo sacó con la eslinga y pasaron los dos sin problemas, eso sí, bien pegados al lateral.

 Una vez en el hotel unos se acostaron y ya no asomaron la nariz hasta el día siguiente, otros nos pusimos a jugar a cartas o simplemente a charlar debajo de un porche situado en medio del jardín del hotel. Al caer la tarde miles de bichos hicieron aparición, insectos de todos los géneros habidos y por haber revoloteaban a nuestro alrededor, una araña enorme subía y bajaba por los travesaños que teníamos a nuestras espaldas, mosquitos, arañas, grillos,...al final nos picaba todo el cuerpo y decidimos resguardarnos y cenar dentro de nuestra habitación. Dentro de la habitación la situación no parecía mejorar, decenas de cucarachas empezaron a salir de todos los rincones, subían por las paredes, hacían carreras por todo el suelo de la habitación y entraban a riadas por debajo de la puerta, ante este panorama Juan y Àngels se pusieron a jugar a cartas encima de la cama, pies en alto, Jordi no daba abasto persiguiendo y matando cucarachas tanto con insecticida como a porrazo limpio y Rafa se encerró en el lavabo para preparar le cena: ensalada de garbanzos, que rica!!!!  lástima que el entorno no acompañara, pues montones de cadáveres de cucarachas estaban esparcidos por toda la habitación.       

16 de Agosto – Sábado:  Matmata, misión imposible  

Nos despedimos de Ángel y Juan, ellos volvían a Nouakchott y nosotros continuamos hacia el interior, queríamos llegar hasta Matmata.  

Seguimos por la carretera de la esperanza hasta Çangarafa, allí cogimos una pista que se acabó convirtiendo en una pesadilla, arena a montones, agua por todos sitios, cantidad de baches, inclinaciones, el último tramo fue especialmente complicado, trialeras entre dunas y llanuras inundadas con mucho barro y profundas rodadas, hasta que de repente en medio de la nada apareció una carretera asfaltada, estábamos en Moudjéria, curiosa ciudad en medio del desierto donde no hay nada, no pudimos comprar pan ni repostar. Seguimos ascendiendo por un puerto desde donde las vistas eran excelentes y paramos en la cima para comer algo.

Llegamos a Nbeika y allí cogimos la pista que va a Matmata, son solo 25 kilómetros, pero se nos hicieron eternos, la pista estaba muy mal, con muchísimo barro y oueds que bajaban bastante crecidos debido a las últimas lluvias, eso si el paisaje era increíblemente bonito, pocas ocasiones se puede disfrutar de un espectáculo como este: el desierto inundado.

Para llegar a Matmata tuvimos que cruzar dos oueds, era necesario bajar y mirar la profundidad, algunos niños nos ayudaban y nos iban indicando el mejor sitio para cruzar mientras iban andando a través del oued, aún así el fondo estaba tremendamente embarrado y era necesario pasar a toda leche. El Mitsubishi se quedó literalmente clavado en medio de un barrizal, trabajo nos costó sacarle con el winch, el Discovery tuvo que ponerse a bastante distancia para no correr el riesgo de hundirse y quedarse también. A la salida del segundo oued nos metimos de lleno en un poblado, nos costó una barbaridad salir, estábamos en medio de un tremendo pedregal.

Por fin llegamos a la población de Matmata, decenas de niños nos rodearon, se nota que por allí no llegan muchos viajeros, no pedían nada, se limitaban a mirarnos a cierta distancia con cara de sorpresa y le tenían un pánico tremendo a la cámara de fotos.

 

 

 

Aparcamos los coches y vimos que el Mitsubishi estaba perdiendo gasoil en cantidad, metimos una olla debajo del depósito y empezamos a andar hasta la Guelta de Matmata, después de dos horas y viendo que aún faltaba un buen trecho y empezaba a oscurecer dimos la vuelta, fue una lástima pues el sitio es muy bonito, además nos quedamos sin ver los cocodrilos.

 

Empezaba a oscurecer, el Mitsubishi perdía gasoil a gran velocidad, no había otra salida que volver hacia atrás y rehacer los 25 kilómetros de pista infernal, estábamos hechos polvo, decidimos plantar las tiendas, mañana sería otro día, solo nos preocupaba una cosa, si aquella noche había tormenta nos sería imposible salir de allí. Cena rápida y a las tiendas, el calor era asfixiante, miles de mosquitos nos rodeaban picándonos incluso a través de las mosquiteras, burros chillando, ladridos por todos lados y los tam-tam de los poblados vecinos, no hubo manera de pegar ojo.     

17 de Agosto – Domingo: Nouakchott, el regreso  

Con las primeras luces del día estábamos todos en pie, por suerte no había llovido y encontramos la pista en mejores condiciones que a la ida, incluso los oueds habían reducido su caudal. Regresamos a toda velocidad a Nouakchott donde llegamos a la hora de comer, siesta y tarde de relax en el hotel, donde nos reencontramos con los sevillanos.  

18 de Agosto – Lunes: Nouakchott, el robo

Dejamos el Mitsubishi en un taller para que repararan el depósito de gasoil y nos fuimos todos a la playa, mañana tranquila jugando a cartas y recogiendo coquinas, en las playas de Nouakchott se pueden recoger a paletadas. Acercamos los coches a la playa y preparamos la comida, por la mañana habíamos comprado pescado y teníamos un montón de coquinas, unos preparaban las brasas con piñas secas, otros lavaban los pescados en el mar, a Àngels le picó una medusa y se quedó coja un buen rato, íbamos, veníamos, la música estaba muy alta, entre tanto caos un chiquillo que merodeaba por allí aprovechó la ocasión para robar una bolsa del interior del Aníbal, vaya botín se llevó el colega, Ángel se quedó sin papeles (pasaporte, DNI, documentación del coche,...) y sin nada de “pasta”, entre euros, dirhams y ougiyas le soplaron casi 400.000 pelas.

Por la tarde Ángel y Rafa se fueron a buscar el Mitsubishi y a la comisaría para formalizar la denuncia del robo, nosotros nos quedamos en la playa con Juanín, tarde de relax, paseíllo hasta el puerto para ver la llegada de los pescadores, bullicio de gente, pescados por todos los rincones, mujeres con alegres y coloridos vestidos esperaban pacientes en la arena, piraguas pintadas de vistosos colores... el espectáculo no tenía desperdicio.

Cenamos en la terraza del hotel, el Pápa nos preparó un arrozito riquísimo, a estas alturas muchos estábamos con diarrea, Juanín preparó algunas coquinas con ajito y de postre macedonia.  

19 de Agosto – Martes:  Nouakchott, los recién llegados 

Desde primera hora de la mañana Rafa y Ángel siguieron con trámites y papeleos varios, visitas a la comisaría, a la embajada, otra vez a la comisaría, todo eran obstáculos, la burocracia es tremenda en todos sitios, pero en África no tiene nombre, es necesario recordar que allí todo se rige por la frase “la prisa mata”.

Nosotros dos pasamos una mañana muy tranquila en la playa, nos dimos un bañito, paseamos, recogimos algunas esponjas de mar y Jordi incluso ayudó a un grupo de pescadores a arrastrar una enorme red de pesca hasta la orilla, mucho esfuerzo para bien poca cosa, a mucho estirar sacaron tres docenas de peces y la mayoría los desecharon y los devolvieron al mar. A las tres de la tarde nos fuimos al aeropuerto donde nos esperaba el resto del grupo, hoy llegaban nuestros compañeros Carmen, Reyes y Nacho. Aunque el ambiente después del robo no era muy festivo decidimos darles la bienvenida ataviados con ropajes mauritanos y valió la pena solo por ver las caras de los recién llegados cuando nos vieron a todos en fila esperando en la terminal del aeropuerto. Risas y más risas, por fin estábamos todos juntos, última visita del día a la comisaría y regresamos al hotel. Si todo iba bien mañana a primera hora Ángel tendría su pasaporte y podríamos seguir el viaje sin demora.  

Nos regalamos una tranquila tarde de playa, unos jugamos a cartas, otros pasearon por la orilla del mar, algunos se bañaron, y los recién llegados se pusieron a recoger coquinas como locos, se puso el sol y todavía estábamos allí. Cenamos en la misma playa, Juan, nuestro cocinero oficial nos preparó unos fideos amarillos con coquinas que estaban de fábula, sobremesa, cafés, cubatas, buen momento para empezar a contar algunas de las anécdotas que habíamos vivido.  

20 de Agosto – Miércoles: Tafarit, la decepción

 Ángel consiguió su pasaporte a primera hora de la mañana y según el personal de la comisaría de la playa no tendría ningún problema en salir de la ciudad mostrando todo el papeleo que llevaba.... JA, JA, JA, en el primer control de “police” a pocos kilómetros de Nouakchott ya estábamos dando la vuelta, no nos dejaron pasar pues en el pasaporte de Ángel faltaba el visado y no se avenían a ningún tipo de explicación. Media vuelta y otra vez a Nouakchott a por el comisario jefe, segundo asalto, esta vez íbamos con escolta, nos acompañaron hasta el control tres policías con una pick-up, aunque parecía misión imposible conseguimos salir de Nouakchott, lo mejor fue la recomendación que el comisario le hizo a Ángel: -“tienes que evitar los controles”, ole-ole!!!! A partir de ahora cuando veamos un control nos lo saltamos y punto, si señor!.  

Como aquellos días había mareas muertas y el nivel de la mar no bajaba lo suficiente decidimos ir por la pista del interior, la que será la futura carretera Nouadhibou-Nouakchott, cuando el GPS nos indicó que ya habíamos sobrepasado la altura de Mouamgar nos metimos campo a través, era una zona con mucha arena y algunas dunas, de esta forma cortamos en perpendicular y llegamos sin más hasta la costa. Fuimos a Iouik, centro logístico del Banc d’Arguin, llevábamos la idea de permanecer allí un día entero, pescar, dar un paseo en barca, pero no nos gustó el lugar y continuamos hasta Tafarit, el último tramo fue muy duro, había muchísima arena y muy blanda por causa de las últimas lluvias, por fin llegamos y qué decepción!, todo está hecho una pena, la cantidad de lluvia caída había destrozado toda la playa, arramblando con todo lo que pilló por delante, enormes grietas, desprendimientos de tierra, hasta tuvieron que cambiar las haimas de sitio y alejarlas más de la playa, muchísima agua tuvo que caer para dejar Tafarit en tan lamentable estado, aún así el sitio continuaba siendo mejor que Iouik y allí nos quedamos.  

Después de una rápida merienda-cena a base de bocatas, acabamos de pasar la tarde, unos dedicados de lleno a la pesca y otros paseando o holgazaneando por la playa.  

21 de Agosto – Jueves: Tafarit, jornada de pesca  

Día de relax absoluto, unos se bañaron y disfrutaron de la playa, otros pasearon, hay quien se dedicó a la lectura, Nacho, Ángel, Juan y Jordi se fueron hasta las rocas y se pasaron el día pescando, la verdad es que no les fue del todo mal, pudimos comer y algunos incluso cenar con la pesca del día, aún así nada que ver con los grades trofeos del año pasado, la mar estaba demasiado revuelta.  

 

22 de Agosto – Viernes: Como salir de Mauritania y no morir en el intento

Otra vez pista y rumbo a Marruecos, salimos pronto pues todos teníamos en mente la mala experiencia del año pasado y no queríamos pasar otra noche horrible en la frontera. Pronto aparecieron los primeros problemillas, el Aníbal cada dos por tres se paraba y no había manera de que arrancara, parecía que era el filtro del gasoil, pero lo cambiamos y el problema persistía, así transcurrieron los últimos 60 kilómetros hasta la frontera, continuas paradas se sucedían y al final optamos por remolcarles con el Discovery. Conseguimos llegar a la frontera de Mauritania y pasamos los tres controles sin problemas, al coger la antigua carretera española el Mitsubishi nos tomó el relevó y tiró del Aníbal, pero entre tanto estirón y tanto bache se rompió la eslinga, esta se enrolló en la barra de la dirección y acabó por doblarla, ahora el tema pintaba mucho peor, pero aún así pasamos con algún que otro altercado la frontera entrando por fin en Marruecos. 

Rafa y Carmen se fueron con su coche hasta la siguiente gasolinera para llamar a Dakla pidiendo una grúa, nosotros nos quedamos esperando a pocos kilómetros de la frontera, fue aquí cuando nos dimos cuenta que lo que estaba taponado no era el filtro de gasoil sino el prefiltro, una vez limpio el tema del motor quedó solucionado, lástima no haber pensado antes en ello. Continuamos muy lentamente hasta la gasolinera, el desgaste de los neumáticos era brutal, era espectacular ver al Aníbal rodar con las dos ruedas delanteras giradas hacia dentro, llegó a la gasolinera por los pelos, reventando uno de los neumáticos en la misma entrada. Estuvimos dos horas largas en la gasolinera, pero el coche de Ángel salió de allí casi nuevo, llegamos a Dakla muy tarde y cenamos en Casa Luis, el Sahara Occidental nos recibió como siempre, con bajas temperaturas y tormenta de arena. 

23 de Agosto – Sábado: La separación

Salimos de Dakla sin prisas, carretera y más carretera, otra vez nos tocaba cruzar todo el Sahara Occidental, paramos a comer cerca de los acantilados y allí nos separamos, lo sevillanos querían tirar millas para llegar lo antes posible a Essaouira y nosotros continuamos tranquilamente disfrutando del paisaje, pues teníamos previsto hacer noche en Casa Josefina, en el Puerto de Layoune.  

Coche y más coche, de bajada Jordi vio un cartel indicativo de una especie de parque de aves y queríamos parar, así fue, a media mañana vimos el desvío “Reserve Biologique Naila” y hacia allí nos metimos, el lugar es muy bonito, pero está realmente descuidado y muy sucio, aún así el agua tenía un color precioso en contraste con el fondo de dunas y se veían multitud de aves a lo lejos.

24 de Agosto – Domingo: Fort Bou Jerif, paraíso en el desierto

A media tarde llegamos a Fort Bou Jerif, precioso lugar en medio de la nada, paraíso en el desierto, tanto el hotel como las habitaciones del albergue estaban reservadas, con lo cual nos dieron una haima. Después de tomar un té a la menta nos fuimos de paseo por los alrededores, justo al lado mismo del albergue está el viejo fuerte que en su día fue ocupado por la legión y que da nombre al lugar. La cena fue de impresión, nos pusieron una bandeja enorme de quisquillas en medio de la mesa, entre todos no logramos vaciarla y eso que le pusimos empeño, de segundo tajine de dromedario y lubina a la plancha, todo exquisito, tanto el banquete como aquel maravilloso paraje, dormimos como reyes en la haima.

25 de Agosto – Lunes: La pista hasta Sidi Ifni

Nos despertamos al sentir como nos apisonaba una “pantera negra” muy  cariñosa, era la mascota de Fort Bou Jerif que venía a buscar su dosis matinal de mimos y bien que los tuvo, tanto Carmen como yo nos la hubiéramos llevado a casa, era un encanto de perra, simpática como ella sola.

Después de un copioso desayuno continuamos por pista hasta Plage Blanche, estuvimos un rato recogiendo piedras en la orilla del mar y nos tomamos en un té en un hotelito muy acogedor que solo llevaba 5 meses abierto, si no recuerdo mal se llamaba “Dromedaire”. Seguimos dirección Sidi Ifni por una pista que en su mayor recorrido transcurre pegada al Océano Atlántico, en algunos puntos las vistas eran magníficas. La ruta estuvo muy bien, hubo tramos pedregosos, cruzamos un montón de oueds, algunos de ellos con agua y tuvimos algún cruce de puentes, siempre rodeados por un espléndido paisaje. De vez en cuando aparecían campamentos de pescadores al borde de los acantilados, paramos en uno de ellos, Rafa les dio un montón de ropa y les dejamos toda la comida que nos había sobrado del viaje, cosa que agradecieron enormemente.

Cuando ya faltaban escasos kilómetros para llegar a Sidi Ifni la pista descendió hasta la mismísima orilla del mar justo al lado de un enorme barco varado, paramos un poco para estirar las piernas y hacer alguna foto, el mar con la caída del sol tenía un color precioso.

Una vez en Sidi Ifni nos instalamos en el Hotel Suerte Loca y aprovechamos lo que quedaba de tarde para dar un paseo por la ciudad. Sidi Ifni perteneció a España hasta el año 1969, hoy en día es una ciudad un poco decadente y sucia aunque tiene un algo especial difícil de describir, en ella se respira un ambiente  tranquilo y apacible y goza además de magníficas playas. 

Nos acercamos hasta la antigua Plaza de España, hoy llamada “Place de Hassan II”, aún quedan algunos edificios de carácter español por sus alrededores y en uno de ellos todavía luce el escudo del águila imperial, bajamos por las monumentales escalinatas que descienden hasta la playa y desde aquel magnífico mirador vimos una puesta de sol preciosa. Cena tranquila en el Suerte Loca y a la cama.

26 de Agosto – Martes: Essaouira, fugaz reencuentro

Después de desayunar en el Suerte Loca y hacer algunas compras en Sidi Ifni continuamos rumbo norte. Paramos en Tiznit a cambiar dinero y sobre las tres de la tarde llegamos a Essaouira, nos fuimos directamente al puerto donde nos esperaban Karima y los sevillanos para comer, cosa que hicimos en los típicos chiringuitos de pescado.

Después de comer compramos unos pastelitos y Karima nos invitó a tomar un té en el Hotel Résidence El Mebdi,  local exquisitamente decorado al más puro estilo árabe y situado en plena medina vieja, así nos despedimos de los sevillanos.    

 

Dedicamos la tarde a pasear por la preciosa medina de Essaouira y realizamos las últimas compras, tajines pequeñitos, cajas de madera, azúcar marroquí, etc. Al caer la tarde la temperatura bajó en picado, Jordi incluso se compró una especie de chaqueta con capucha de estilo marroquí, así vestido y después de un mes sin afeitarse pasaba sin problemas como autóctono. Compramos unos bocatas de nafta con ensalada y “frites”, especialidad típica de Essaouira, y nos los comimos todos juntos en la habitación del Hotel Villa Damonte, después de cenar bajamos al precioso patio interior que tiene el hotel y Carmen nos invitó a una cervezas.

27 de Agosto – Miércoles: Asilah, remanso de paz

Día especialmente aburrido, muchos kilómetros y la mayoría por autopista, aunque el concepto de autopista en Marruecos es un poco diferente al que nosotros estamos acostumbrados, gente paseando por el arcén, viandantes que cruzaban de un lado al otro, autostopistas, vendedores ambulantes, etc.  

 

A media tarde llegamos a Asilah, por fin pudimos pasear por las preciosas calles de su blanca medina y ver sus maravillosas murallas con luz de día!, y realmente valió la pena, Asilah es un pueblecito tranquilo y apacible que cuida mucho su aspecto y limpieza, es un verdadero placer perderse por sus calles y te quedas asombrado con algunas de las casa, auténticos palacetes de azul  y verde que contrastan con el blanco inmaculado de las paredes.

 

Tomamos un té a la menta en una terraza de las que rodean la medina, hicimos las últimas compras y fuimos a Casa Pepe a cenar: calamares, sardinas, boquerones, pulpo, percebes,…. todo buenísimo, como siempre, Casa Pepe nunca falla.  Después de cenar cogimos los coches y nos fuimos a buscar un hotel, como el Ybis que hay en la carretera estaba completo continuamos hasta Tánger. Dormimos en un hotel enfrente de la playa, en el mismo paseo que lleva hasta el puerto, el colapso de coches era absoluto, cientos de marroquíes se dirigían al puerto para cruzar el estrecho, eran las doce pasadas cuando nos metíamos en la cama y a las seis teníamos que estar en pié, toda la noche estuvimos escuchando las pitadas de los coches, preludio de lo que nos esperaba a las pocas horas, no pegamos ojo.

28 de Agosto – Jueves: Tánger, el peor atasco

A las seis y media en punto salimos del hotel, nos separaban del puerto unos dos kilómetros y empleamos una hora larga en hacerlos, perdimos el ferry a Tarifa por cinco minutos, por primera vez en la vida nuestro ferry había salido con puntualidad, no hay como ser gafes. Todo tiene solución, cogimos el de las once de la mañana que nos dejó en Algeciras, aquí acabaron 28 largos días de aventuras y desventuras por África y una frase en la mente de todos “nunca más”……. Hoy es 17 de Septiembre, son cerca de las dos de la madrugada, acabamos de poner punto final a este relato y los dos ya estamos locos de ganas por bajar otra vez !!!

 

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