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Viernes
5 de Agosto:
Auténticas vacaciones Nos levantamos sobre las 9 de
la mañana, las moscas no perdonaron. Teníamos por delante un verdadero día
de vacaciones, playita, relax y reparaciones varias de coches. Pasamos la mañana en la
playa, comimos y nos pegamos una siesta de campeonato. Cuando el sol empezó
a perder fuerza Max se puso a trabajar con nuestro coche, desmontó el
diferencial, pero no había reparación posible, pues era un tema de
desgaste. Cambiamos la valvulina, que salió muy viscosa debido a la alta
cantidad de partícula metálica que llevaba en suspensión y asumimos
resignados que el resto del viaje tendríamos que soportar aquel tremendo
ruido. Cenamos bajo las estrellas y nos
acostamos dentro de la khaima entre cucarachas y todo tipo de insecto
nocturno. Sábado
6 de Agosto: Benichab, una planta embotelladora en medio del Sáhara Dejamos Tafarit a las 10 de
la mañana, paramos en el poblado a pagar el alquiler de la khaima y una
mujer nos regaló una hogaza de pan recién hecho que tenía una pinta
excelente. Seguimos por pista hasta Chami, donde pagamos el ticket del
Banc d’Arguin y a partir de allí ya continuamos por la nueva carretera
asfaltada. Después de recorrer unos 100 kilómetros y cuando según el
GPS nos pareció que ya estábamos a la altura de Tioulit dejamos el
asfalto y tomamos una pista a la izquierda hasta Benichab. En este punto
nos despedimos de Ángel, que decidió no continuar el viaje con nosotros
y se fue a Nouakchott. Una vez en pista paramos a comer pan con embutido y serían las cinco de la tarde cuando llegamos a Benichab, pequeño poblado perdido en medio del desierto, rodeado de dunas y conocido por su planta embotelladora de agua. |
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Visitamos dos cooperativas artesanales donde las mujeres de la población venden los objetos que ella mismas fabrican y compramos algunos brazaletes, nos tomamos unos refrescos calientes en una especie de chiringuito, que tanto podía ser un bar como una tienda como una casa particular y nos fuimos al albergue, pues el calor era brutal y no apetecía moverse mucho, además yo ya me empezaba a encontrar mal. |
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Acampamos en el albergue
local, Javi y Silvia y nosotros dormimos como siempre en nuestra tienda,
encima de los coches y Max, Abi y Jael cogieron una de las chozas con
techo de paja que se alquilaban en el albergue, nos dimos una buena ducha
y cenamos un cabrito que mataron para la ocasión con una especie de salsa
de menudillos y verduras que venía como acompañamiento, y aunque la
pinta de la carne no era muy buena, pues estaba muy cruda y fría nos lo
zampamos todo, pues estábamos hambrientos. Yo pasé una noche horrorosa
con fiebre, escalofríos, pesadillas y mucha diarrea, con lo que tuve que
bajar de la tienda tres o cuatro veces a lo largo de la noche, minando
todos los alrededores de nuestro coche. Domingo
7 de Agosto: Locos de Atar, 45 grados a la sombra !!!
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| Después de desayunar un poco y rellenar los depósitos de agua dejamos Benichab y continuamos por pista entre dunas hasta llegar a Akjoujt, donde llenamos los depósitos de gasoil y continuamos por carretera hasta Terjit. A medida que avanzábamos hacia el interior del país veíamos como el termómetro iba subiendo sin control, al llegar a Terjit marcaba ya 45 grados. |
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Cogimos algo de agua y provisiones y entramos en el oasis, donde el calor se soportaba mucho mejor y pudimos comer un poquitín más “frescos” bajo la sombra de las palmeras. |
| Después de comer fuimos a dar un paseo por el interior del oasis y pasamos al lado de una pequeña poza donde había un grupo de niños bañándose, el agua, absolutamente turbia y de un sospechoso color marrón oscuro, olía a meados y otras cosas peores que echaba para atrás, pero aun así Max y Jordi se quitaron las camisetas y se tiraron sin pensárselo mucho, provocando las risas y aplausos de los niños. |
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Una vez acabado el espectáculo
seguimos el paseo, pero entre la porquería que nos íbamos encontrando
por el suelo y el tremendo calorazo y bochorno que hacía nos dimos la
vuelta rápido, nos metimos en los coches con el aire acondicionado a tope
y continuamos hasta Atar. Solo entrar en Atar nos sorprendimos de la gran
cantidad de gente que había en la calle, primero lo atribuimos a que era
Domingo, pero resultó ser que había una manifestación popular a favor
del nuevo presidente y nos metimos de lleno en medio. Aparcamos los coches al lado
de la plaza y enseguida nos vimos rodeados de un montón de chicos,
algunos no tan chicos, que nos empezaron a agobiar de forma extrema
preguntando de todo, queriendo acompañarnos a comprar, pidiendo dinero,
etc... y evidentemente los más locos del pueblo también los teníamos
allí, para variar!!!. Decidimos diversificarnos,
las chicas nos fuimos con un guía improvisado a intentar comprar algo de
fruta y verdura fresca, aunque encontrar eso en el interior de Mauritania
es un poco misión imposible, pero tuvimos suerte y como acababa de llegar
un camión de la capital con plátanos recién traídos de Canarias y
alguna que otra verdura, algo pudimos pillar. Max y Jordi se fueron con
otro “amigo” a cambiar moneda y a comprar valvulina para el coche y al
final pudimos salir de allí, aunque lo nuestro nos costó, pues teníamos
los coches rodeados. Intentamos poner gasoil en
dos o tres gasolineras pero ninguna tenía, al final averiguamos que no
era tema de suministro sino que había habido un parón eléctrico y los
surtidores no funcionaban. Agobiados por la gente, el calor y los plastas
locales salimos de la ciudad y acampamos
en la pista de Chinguetti, a muy pocos kilómetros de Atar, pues a
la mañana siguiente debíamos volver para repostar. Montamos el campamento y nos
relajamos un poco, mientras charlábamos tranquilamente comentando las anécdotas
del día, Max nos hizo reír al comentar que ahora ya entendía de donde
venía la expresión “locos de atar”, y tenía toda la razón, todo el
que vive allí, en aquellas condiciones de viento y calor, sin poder comer
casi nunca productos frescos y aislado del resto del mundo, tiene que
acabar medio desquiciado, o sea, loco de Atar y realmente fue esa la
sensación que se nos quedó en el cuerpo, la de que toda la gente de allí
estaba absolutamente volada. Eran más de las nueve de la noche y el termómetro no bajaba, seguíamos a 40 grados, y con el viento la sensación de calor era aún peor, parecía que el desierto estuviera lleno de calefactores, nos teníamos que mojar continuamente con los pulverizadores de agua o meternos cada 10 minutos debajo de las duchas, pues así conseguíamos sentir, aunque solo fuera por unos segundos, una agradable sensación de frío. Cenamos arroz con verduras y nos acostamos, sabiendo que aquella noche ni el viento o el calor nos dejarían dormir, y así fue. Lunes
8 de Agosto:
Magreit, un oasis casi al fin del mundo Volvimos a Atar para repostar
y como en la misma gasolinera había foso aprovechamos para cambiar la
valvulina, limpiando con gasoil antes de poner la nueva, para arrastrar al
máximo todo el hierro que se iba generando por el desgaste. Max también
aprovechó para engrasar los bajos de su coche. Llenamos todos los depósitos
de agua y compramos pan recién hecho, aún calentito, estaba delicioso, y
volvimos a coger la pista hacia Chinguetti. Paramos a ver el Paso de
Amogar des de la cresta del acantilado y al rehacer la pista para volver a
la pista principal Max se cargó un soporte del amortiguador, una vez
solucionado el tema seguimos por pista hasta llegar a Chinguetti, donde la
primera parada que hicimos fue en el hospital español que allí se ha
instalado, hará un par de años. Entramos a visitarlo y allí conocimos a
un médico venezolano que nos contó que solo llevaba allí 2 meses y
tiene que estar por un periodo de 2 años, realmente esto si que es
solidaridad. Le dejamos un montón de provisiones (vino, cerveza, lomo ibérico,
jamón de bellota, etc), cosa que agradeció muy efusivamente, pues
realmente la vida allí es durísima. Después de dar un paseo por las calles de Chinguetti y dunear un poco cogimos la pista dirección Oujeft, el primer tramo fue muy interesante, con increíbles paisajes y muchísima arena, pero de repente nos metimos en medio de un oued pedregoso, intentamos seguir adelante y encontrar una salida, pero cada vez era peor, aquello era un tormento rompecoches, suerte que se impuso el sentido común y dimos la vuelta, volviendo al último punto GPS, y una vez allí dimos por fin con la pista correcta. Después de una larga etapa de navegación, rodeados de paisajes típicamente saharianos, llegamos al borde de una falla des de donde las vistas eran excelentes, un precioso oasis rodeado de pintorescas chozas con techo de paja aparecían a nuestros pies, se trataba del oasis de Magreit. |
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La única forma de bajar
hasta el oasis era una tremenda trialera muy pedregosa y realmente
empinada, una vez abajo nos metimos en el oued buscando el final del
oasis, pues según nos indicaba el GPS nos faltaban unos dos kilómetros
para llegar a un punto recomendado para acampar, pero la pista que cruzaba
el oued era muy arenosa y cada dos por tres enormes piedras nos impedían
el paso, a todo ello también hay que añadir que se estaba haciendo de
noche y que toda la población local la teníamos a nuestro alrededor,
incluyendo a un montón de niños que se colgaban de los coches,
aumentando nuestra sensación de agobio, pero al final conseguimos
abrirnos paso entre piedras, palmeras, arena y niños, llegando al final
del oasis y pudiendo montar el campamento. Estábamos agotados después de dos jornadas de mucho viento, calor y mucha pista y nos apetecía ducharnos y descansar tranquilos en nuestro campamento, por suerte los vecinos del poblado se fueron marchando a sus chozas y recuperamos un poco la tranquilidad. Aún así al cabo de poco rato aparecieron dos colegas de entre las sombras y se sentaron en el suelo pegados a la mesa donde estábamos cenando y no se movieron de allí en un par de horas, hasta que nos fuimos a acostar los tuvimos ahí de adorno, primero estaban muy bordes y cuando les dimos algo de comida y bebida se lo miraron por todos lados con desconfianza, les intentamos echar un montón de veces y decían que eran los guardianes de los dátiles, al final acabamos ignorándolos hasta que aburridos se largaron. Martes
9 de Agosto: La pista de la vía Una vez todo recogido tuvimos que rehacer otra vez la pista por en medio del oued arenoso, en lo que invertimos 15 minutos largos, al final la empinada cuesta pedregosa y por fin pista buena, que nos llevó hasta el cruce de la pista que venía de Atar, hicimos el Paso de Amogar y llegamos a Atar sobre la una de la tarde. Volvimos a repostar y llenamos los jerris, pensando ya en la pista de la vía, compramos pan, agua, yogures, zumos y algunos refrescos y serían las dos cuando partimos dirección Choum, la pista era cansina, agobiante y agotadora, y más para nosotros que ya no teníamos suspensión y no parábamos de votar.
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Cuando estábamos llegando al
monolito de Benamira nos cruzamos con uno de los trenes que hace el
recorrido des de Nouadhibou hasta las minas de Zouerat, pero era de los
cortos, hicimos algunas fotos y empezamos a pensar en acampar, pues
empezaba a caer la tarde. Acampamos pasado Benamira, hacia muchísimo viento y nos escondimos detrás de una duna, aún así no fue una velada demasiado agradable, cenamos aguantando los platos, que a la que quedaban un poco vacíos eran arrastrados por el viento, estrellando parte de nuestra cena por los alrededores y nos metimos pronto en las tiendas, pues todos estábamos rebozados de arena y nos dolían un montón los ojos. Miércoles
10 de Agosto: Sahara Occidental, vuelve el“invierno” Comimos de pica-pica en medio
de la pista y después de pista, pista y más pista llegamos por fin al
deseado asfalto (carretera nueva) y serían las tres o las cuatro de la
tarde cuando cruzamos la frontera mauritana, pasamos los dos primeros
controles tranquilamente y sin problemas, en el último control, el de
sellado de pasaporte, nos tocó un gendarme “capullo” que quería un
regalo y al no darle nada nos tiró los pasaportes con muy mala ostia
encima de la mesa de la forma más despectiva que se pueda imaginar. Después
pasamos los trámites de entrada a Marruecos sin ninguna complicación y
continuamos hasta la primera gasolinera, donde rellenamos los depósitos y
nos tomamos un te a la menta. Continuamos un poco por carretera y al cabo de unos 70-80 kilómetros nos metimos por una pista a la izquierda y acampamos detrás de un muro de piedras, para variar hacía muchísimo viento, pero ahora además hacía frío, muchísimo frío, apetecía cenar algo caliente y pusimos una olla con agua a hervir, donde echamos unos cuantos sobres de pasta de queso y fungi, todos diferentes, pero la mezcla final salió rica y arrasamos con todo. Nos acostamos y por fin dormimos de escándalo 10 horas seguidas, que buena falta nos hacía, y tapados con un par de mantas!!!
Jueves
11 de Agosto: Dakhla, jornada de descanso
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| Solo coger la carretera de Dakhla paramos al lado mismo del Río de Oro, el paisaje era una pasada de guapo, nos acercamos hasta la khaima de unos saharauis que se habían instalado allí para pescar, tenían un montón de recipientes llenos a rebosar de navajas y quedamos con ellos que nos guardarían unas cuantas para la noche y que más tarde volveríamos a por ellas y cenaríamos todos juntos. |
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Nos fuimos a comer a Casa
Luis, ensaladas, gambas, pulpo, chocos, dorada y de postre helados, nos
pusimos a reventar, luego nos fuimos a pasear por el centro de Dakhla,
hicimos alguna compra de fruta y verdura, fuimos al cajero y nos metimos
en un taller donde lavamos todos los coches y a nosotros nos cambiaron
otra vez la valvulina. Volvimos a la playa y montamos el campamento, era casi de noche, todos estábamos medio empachados de tanto comer y no nos apetecía cenar, con lo cual no fuimos a la khaima de los saharauis, pero fueron ellos quienes al cabo de un rato aparecieron en nuestro campamento con una bandeja llena de sardinas a la brasa y navajas como símbolo de hospitalidad, y la pinta era tan buena que al final todos acabamos cenando. Cuando volvieron a recoger la bandeja les invitamos a café, galletas y porrito y estuvimos un buen rato de charla y sobremesa con ellos. Serían las diez de la noche cuando nos acostamos. |