Llegamos a Dakhla, la entrada a la bahía nos regaló unas hermosas vistas, nos acercamos hasta una khaima de pescadores saharahuis para preguntar si tenían navajas, Ferran tenía un tremendo antojo, pero no hubo suerte, la marea estaba demasiado alta para cogerlas, aun así nos invitaron a un té. Fuimos hasta el centro, entramos en Casa Luis a preguntar si tenían navajas, el camarero pasó olímpicamente de nosotros y decidimos ir, por primera vez después de muchos viajes, al Restaurante Bahía, que está pared con pared, allí un camarero muy simpático nos confirmó que sí tenían y reservamos mesa.

Nos acercamos hasta la punta de la península, la pista estuvo entretenida pues cada vez había más arena. Aparcamos los coches cerca de la orilla, dimos un paseo, hacía mucho frío, los pescadores estaban recogiendo sus barcas y montones de cajas llenas de pescado esperaban para ser cargadas, charlamos con ellos y nos comentaron que era “bori”, hicimos algunas fotos y volvimos a Dakhla con las últimas luces de la tarde.

Aparcamos frente al restaurante y fuimos a dar un paseo, llamamos a Jota pero no estaba en la ciudad, compramos agua, fruta y pan, Ferran tenía tanto frío que incluso se compró un jersey. Metimos la compra en los coches y entramos a cenar, sopa de pescado, tortilla española, 3 raciones de navajas, lenguado y brochette de corvina, cenamos de escándalo, todo estaba delicioso. Acampamos en la bahía, al lado de la playa.

 

DIA 8 - Viernes 4 de agosto

Carretera y manta hacia la frontera, solo paramos un par de veces para ver los impresionantes acantilados de la costa sahariana, descansar un poco y hacer alguna que otra foto.  Comimos en una cala de arena blanca y agua verde turquesa, donde enormes olas de cresta blanca chocaban convertidas en espuma contra un viejo y oxidado barco varado a la orilla, el lugar era idílico, solo fallaba el viento, realmente insoportable.

Llegamos al Barbas, pusimos gasoil y tomamos el último té en tierra marroquí. Serían las 4 de la tarde cuando llegamos a la frontera, sellamos la salida e hicimos el tramo de tierra de nadie hasta llegar a la frontera mauritana, Artouro  nos estaba esperando y por la emisora ya empezamos a copiar a Narciso.  Realizamos los trámites de forma rápida y ágil, sacamos los visados, hicimos todo el papeleo de entrada, pusimos las pegatinas del seguro en el cristal de los coches, cambiamos moneda y nos despedimos de Artouro, en menos de 20 minutos lo tuvimos todo resuelto, volvíamos a estar en Mauritania, a los pocos kilómetros empezamos a divisar la petroleta de Narciso y Arantxa, por fin nos habíamos encontrado, la aventura mauritana acababa de empezar...  

Nos sorprendió lo bien acabada y limpia que estaba la carretera, incluso había dos o tres gasolineras, cuando empezó a caer la tarde nos apartamos un par de kilómetros del asfalto y allí mismo acampamos, al lado de unos arbolitos espinosos que debían ser parientes directos de las acacias. Cenamos espagueti a la napolitana y empezamos el jamón que llevaban Narciso y Arantxa.

 

DIA 9 - Sábado 5 de agosto

Llegamos a Nouakchott, la carretera este año ya estaba acabada, paramos a poner gasoil y a comprar pan y algunos plátanos, todo era muy caro. Después de dar algunas vueltas por Nouakchott, ciudad grande, desordenada, caótica y sucia, conseguimos dar con la carretera de Boutilimit, a los pocos kilómetros sonó la alarma de Joan indicando que se moría de hambre y paramos al mismo lado de la carretera a picar algo.

Al lado había un campamento de khaimas, escondidas entre las acacias y rodeadas de dunas de color naranja. Ferran y yo nos acercamos a un grupo de mujeres y niños e intentamos hacer algunas fotos, pero las mujeres se escondían bajo sus coloridos vestidos y las niñas, a su vez, detrás de sus madres con cara de susto.

 

 

Seguimos por la carretera de la esperanza, en el desvío de Sangarafa cogimos dirección Tidjijka, empezaba a anochecer y montamos el campamento al lado de una acacia. Nos duchamos todos y cenamos arroz con verduritas, el tiempo mejoró, pero aún soplaba algo de viento y por la noche cayeron cuatro gotas.

 

DIA 10 - Domingo 6 de agosto

Seguimos hasta Moudjéria, paramos en lo alto del puerto a hacer alguna foto y a disfrutar del paisaje.

 

 

Llegamos a Tidjijka, solo entrar vimos dos gasolineras muy nuevas, no nos quisieron vender gasoil en ninguna, decían que necesitábamos el permiso del gobernador, en esas que llegó un mauritano que hablaba español y nos dijo que fuéramos a su albergue, allí nos tomamos un té y llenamos los depósitos de agua para la ducha. Joan y Jordi se fueron, con dos mauritanos, a buscar al gobernador, pero no le encontraron por ningún sitio. Nos tomamos otro té, avisamos a la gendarmerie de nuestra llegada e inminente partida a Tichit, y sin perder más tiempo y sin gasoil, decidimos emprender la marcha.  

Cruzamos Tidjijka y de repente nos encontramos en medio de la pista de aterrizaje, la cruzamos y nos metimos de lleno en el desierto, había muchísima arena, pero después de dar algunas vueltas y consultar GPS y tracks  resultó que por allí no era. Volvimos al pueblo y cogimos la pista que cruzaba por en medio del oued, primero nos liamos un poco, nos separamos, como había bastante arena paramos a bajar presiones, al final, ya convencidos del rumbo correcto nos agrupamos todos y vimos pasar a un camión, que también iba a Tichit, cargado hasta los topes, tanto de gente como de mercancías, entre ellos se encontraban unos codiciados bidones de gasoil!!!. Hacía un calor brutal, era mediodía y el sol caía sin perdón sobre nosotros, rondaban los 42 grados y aún así paramos en medio de aquel infierno a comer. Pusimos el toldo, nos apilamos todos debajo, a la sombra, y comimos pan con embutido y algo de fruta.  

Seguimos por una entretenida pista de arena, con algún tramo intercalado de suelo duro, solo paramos al lado de unos pozos, donde también había tres khaimas estratégicamente situadas, nos íbamos turnando en la conducción, quien más quien menos perdió algún tapacubos y rayó las planchas protectoras de bajos, todo fuera eso.

El paisaje iba cambiando progresivamente, de repente se volvió muy pedregoso, dificultando la buena marcha que llevábamos y haciendo que avanzáramos muy lentamente si queríamos mantener las mecánicas en  buen estado.

A las 7 de la tarde el Patrol entró en reserva, acampamos en una llanura salpicada de acacias, todos estábamos agotados, nos dimos una ducha que todavía nos relajó más, Joan cayó muerto sobre una esterilla, estuvo una hora larga durmiendo, si no le hubiéramos despertado para cenar habría pasado la noche allí mismo, tirado en el suelo. Cenamos melón con jamón y spaghetti a la boloñesa, empezaron a aparecer todo tipo de bichos, entre ellos la famosa araña del desierto. Caímos rendidos, la larga etapa de aquel día junto al tremendo calor que soportamos habían hecho mella en muchos de nosotros.

          

DIA 11 - Lunes 7 de agosto

Continuamos por la pista que dejamos la noche anterior, el primer tramó se mantuvo aún rocoso para convertirse al poco rato en un arenal sin fin, paramos en una khaima que había en medio de la nada, dentro vimos a una mujer acompañada de una chiquilla y un bebé y les dejamos algo de ropa. Seguimos por tramos casa vez más arenosos, perdiendo a veces el rastro de la pista, paramos al lado de un pozo para reagruparnos, descansar un poco y refrescarnos con algunas cervezas.   

Aunque la pista estaba balizada, profundos surcos y tremendas roderas en la arena dificultaban nuestra marcha, era mucho mejor circular fuera pista esquivando los numerosos montículos de hierba de camello, el Terrano se calentaba mucho, íbamos parando por el camino para esperarnos unos a otros, llegó un momento en que cada coche iba por libre, nos separamos bastante, ya no manteníamos contacto visual y casi que ni nos copiábamos por las emisoras, por suerte las balizas numeradas nos permitieron reagruparnos otra vez.

Fue en la baliza 314 donde nos agrupamos para encarar juntos la famosa bajada de arena blanca que nos llevaría hasta el oasis de Tichit.

 

 

La bajada que lleva a Tichit es realmente espectacular, un primer tramo de arena muy blanda desemboca en una inmensa llanura rodeada a lo lejos de cordones de dunas blancas con larguiruchas palmeras que dan una nota de color al paisaje.

El Patrol se estacó de lleno en la arena, lo eslingó el Terrano pero todo apuntaba a que él también se quedaría, el calor era brutal y como nadie tenía  ganas de jugar lo resolvimos rápido con pala, planchas y unos empujones.

 

Llegamos al oasis, metimos los coches en medio del palmeral buscando cualquier indicio de sombra, pusimos unas esterillas en el suelo y nos sentamos a comer, los habitantes de unas khaimas cercanas vinieron a saludarnos y se sentaron todos en fila delante nuestro, parecía que estuviéramos negociando el tratado de Tichit.  Nos acercamos hasta el centro del pueblo, paramos en una especie de plaza donde confluían varias callejuelas y justo allí mismo estaba la casa-gasolinera, respiramos aliviados al ver que tenían bidones de gasoil, en caso contrario no nos hubiera quedado más remedio que volver otra vez a Tidjijka.  

El calor era brutal, mientras los chicos cargaban los bidones de gasoil en los coches Arantxa y yo nos sentamos en una sombra rodeados de niños que nos miraban e intentaban llamar nuestra atención haciendo todo tipo de gestos, muecas y otras gracias para ver si les dábamos algún regalito, de fondo se oía un altavoz hablando en árabe, reímos comentando que debían anunciar por la megafonía del pueblo que había un grupo de guiris comprando gasoil y que por eso se asomaban todos a ver qué hacíamos y que pintas teníamos.

A la salida paramos en la gendarmería a dar nuestros datos y dejamos el pueblo cruzando un extenso lago seco. La pista era muy buena, acampamos a unos 55 Km. de Tichit, hacía muchísimo calor, nos duchamos y el agua estaba tan caliente que al parar el grifo incluso sentías algo de frío. Cenamos puré de patatas con frankfurts y de postre macedonia de melón con zumo tropical. El calor era tal que Ferran decidió dormir fuera de la tienda, en una colchoneta directamente encima de la arena, olvidándose incluso de sus amigas las arañas.

 

DIA 12 - Martes 8 de agosto

A las 8 de la mañana, ya desayunados, retomamos el camino, que continuaba siendo muy arenoso, tuvimos algunas enganchadas, todas ella leves, bajando presiones y empujando un poco quedaba todo solucionado.

Haciendo camino bajo un sol de rigor y rodeados de arena hasta donde nos abarcaba la vista, vimos de repente un punto a lo lejos que rompía la monotonía del paisaje, nos estábamos acercando al macizo del Makhrougat, también llamado la catedral de piedra, fue allí donde se rodaron algunas de las escenas de la película “El quinto elemento”. 

 

 

 

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