Aparcamos los coches, cogimos las cantimploras y subimos hasta el macizo de rocas, el lugar era una pasada de guapo y, como entre los agujeros y aperturas naturales que había provocado la erosión circulaba bastante el aire, decidimos comer allí mismo, el menú: mejillones calientes y patatas chips. 

 

 

Después de hacer un montón de fotos, subir y bajar por las rocas, descansar a la sombra, comer y descubrir incluso el nido de un búho que había instalado allí su casa, decidimos seguir con nuestra ruta, aunque éste hubiera sido un lugar genial para acampar...  

Entre pistas de tierra y arena entretuvimos la tarde, un par de gacelas que pasaron a toda velocidad, escondiéndose entre las hierbas de camello, y un zorro del desierto rompieron la monotonía del lugar, y sin darnos cuenta llegamos a los pozos de Aratane. Justo al final de los pozos, bastante numerosos y algunos de ellos muy profundos, había una familia nómada acampada con cientos de dromedarios a su alrededor.

Aprovechamos el agua de uno de los pozos para llenar el depósito del coche y así poder seguir disfrutando de las agradables duchas nocturnas, Arantxa y yo incluso nos metimos dentro de una de las pozas que había al lado de cada pozo, para que los dromedarios pudieran beber, y nos bañamos en ella como si de una piscina se tratara, ...acabamos las dos apestando a dromedario.

 

 

A partir de ahí cruzamos un infierno de piedras y rocas que no se acababa nunca, después de avanzar con extrema lentitud durante unos minutos que se nos hicieron eternos conseguimos encontrar de nuevo el track y la pista mejoró temporalmente.

Pasamos al lado del macizo de Sba, también llamado “elephant rock” ,el sol nos seguía machacando de lo lindo, estábamos a 46º, con lo cual bajamos del coche solo un par de minutos, los justos para hacer un par de fotos y salimos por patas, el aire quemaba y la tierra parecía escupir fuego sobre todos nosotros.

 

Continuamos por la pista, cada vez había más arena y las escasas  rodadas desaparecían continuamente, nos metimos de lleno en una zona de embudos de arena y montones de matojos de hierba de camello, era realmente difícil encontrar los pasos correctos, continuamente parábamos para bajar aún más, si cabía, las presiones de los neumáticos, aquel tramo infernal parecía no acabar nunca, avanzábamos muy lentamente y aunque el sol era abrasador era necesario bajar continuamente de los coches y andar buscando la salida de aquella trampa llena de profundos agujeros de arena.  

Por fin conseguimos salir de aquella zona tan estresante, llegando a una llanura de arena dura y curiosas piedras negras donde de vez en cuando iban apareciendo dunas como si las hubieran puesto estratégicamente para hacer aún más bello el paisaje que nos rodeaba. Como ya era tarde, acampamos al lado de una de esas dunas, nos duchamos todos con el agua de los pozos de Aratane y cenamos arroz con verduras. Nos acostamos todos muy pronto, había sido un día muy duro tanto de calor como de arena, algunas arañas se acercaron para darnos las buenas noches...

 

DIA 13 - Miércoles 9 de agosto

Seguimos por pistas bien marcadas donde se podía rodar a buena velocidad, esquivando, y saltando en algún caso, las dunas que se nos cruzaban por el camino, poco a poco el camino se iba volviendo pedregoso, tuvimos que subir presiones, y las llanuras infinitas se convirtieron en montañas, apareciendo a lo lejos la cima del Enji.

La subida del Enji nos costó un poco, las rodadas desaparecieron de repente y fue necesario dar algunos rodeos entre dunas para encontrar el track, tuvimos que volver a bajar presiones, y el tramo final de la subida se tenía que hacer con mucha carrerilla, pues había bastante arena, aún así lo conseguimos y la cima nos regaló unas estupendas vistas de los alrededores, hicimos algunas fotos y volvimos a subir presiones.

La bajada por la otra cara también era muy arenosa, volvimos a bajar presiones, de vez en cuando se nos cruzaban por el camino una especie de bichos muy graciosos, eran como mini dinosaurios, mezcla de ratón y canguro por su forma de saltar.  

Llegamos a los pozos de Oujeft, estaban hasta los topes de agua y esta asomaba clara y transparente, justo al lado había una especie de chamizo y como el calor era brutal aprovechamos para resguardarnos bajo aquel metro cuadrado de sombra y comer. A partir de allí la pista apareció delante nuestro muy bien definida y era fácil rodar, con lo cual seguimos a buena velocidad, pero lo bueno duró poco...empezamos a divisar en la lejanía lo que parecía una brutal tormenta de arena y el track nos metió de lleno en ella.

El cielo iba cambiando de color a cada segundo que pasaba, llegando a coger un tono marrón que hacía difícil definir la frontera entre el cielo y la tierra, el viento soplaba cada vez más fuerte y abrasador, fue en el tramo más complicado de conducción, con mucha arena y rodeados de dunas inmensas, cuando la tormenta nos cayó encima, dificultando mucho la orientación, perdimos de vista el track y nos perdimos nosotros.

Al final conseguimos volver al track y encontrarnos todos otra vez, la tormenta se alejó, dando lugar a un paisaje espectacular.

Por fin se acabó la arena, el paisaje empezó a cambiar de forma espectacular, dejamos el desierto para entra en el sahel, cada vez había más matorrales y árboles a nuestro alrededor, algún tramo recordaba incluso un campo de golf, comentamos que no haría mucho de la última tormenta, pues el suelo estaba húmedo y embarrado en algún tramo, quedaban pocos minutos de luz y unos 10 Km. para llegar a Walata, al final acampamos allí mismo, al lado de un oued.  

Nos duchamos, cenamos y nos sentamos todos en fila para ver como una tormenta eléctrica no muy lejana descargaba sin cesar montones de relámpagos de todos los colores, cada 3 o 4 segundos caía uno, incluso a veces 2 o 3 a la vez, aquella noche y viendo el percal, Narciso y Arantxa montaron su tienda por primera vez en todo el viaje.

 

DIA 14 - Jueves 10 de agosto

A pocos kilómetros encontramos un cartel que indicaba Walata 4 Km., paramos y nos hicimos la obligada foto de grupo, llegar hasta allí nos había costado lo nuestro...

Solo entrar en Walata ya se nos presentó un guía y nos acompañó hasta la gendarmería a dejar nuestros datos, aparcamos los coches y pactamos con él una visita guiada por el pueblo de unas 2 horas , paseamos por las calles de Walata rodeados de niños, vimos la curiosa decoración en las puertas de las casas, visitamos una cooperativa de mujeres que trabajaban la cerámica y nos invitaron a un té, entramos en la biblioteca, en una de las casas del pueblo para ver las pinturas de su patio interior y en una especie de museo.
Salimos dirección Néma, a eso de la una del mediodía, todos muy contentos y dando por hecho que en 2 o 3 horas como mucho ya estaríamos pisando el asfalto de la carretera de la esperanza,..... que ilusos!!!. Al cabo de una hora paramos a comer a la sombra de unas acacias, después seguimos por la pista disfrutando del paisaje, que cada vez aparecía más verde, comentamos las enganchadas que tendrían allí los camiones, a la vista de las tremendas y profundas rodadas que iban apareciendo en el barro ya seco y comentamos entre risas que aquella pista sería brutal hacerla habiendo llovido.
Dicho y hecho, el terreno cada vez estaba más mojado y los primeros charcos hicieron su aparición, al principio nos hizo gracia y los cruzábamos todos a saco, provocando que agua y barro volaran a nuestro alrededor, dejando los coches irreconocibles, pero el terreno cada vez estaba más embarrado, más mojado y más blando, cada vez costaba más cruzar las zonas de barro y las sonrisas se fueron borrando de nuestras caras.  

Llegamos a un tramo muy verde, una extensa pradera con hierba alta y dos tremendas rodadas, muy anchas y llenas de agua marrón, que la cruzaban por el medio y se perdían a lo lejos, no se veía el final...

El Terrano pasó primero y dijo por la emisora que ningún problema, pasamos nosotros y nos quedamos a la mitad, dimos marcha atrás y lo volvimos a intentar pero por fuera, ese fue el error, se nos fue el coche de lado y nos quedamos enganchados hasta las orejas.

 

 

El Terrano dio la vuelta a por nosotros y al salir de las rodadas le pasó lo mismo, se quedó totalmente empanzado en el barro al mismo tiempo que Narciso nos comunicaba por la emisora que ellos también estaban estacados y que lo tenían mal para salir, en resumen, los 3 Nissan hundidos hasta las orejas en el barro.  

Bajamos para hacer una primera valoración de daños, si aquello hubiera sido un concurso hubiera costado encontrar cual era el coche que estaba en peor situación. Para empezar el terreno era lo más parecido que he visto en mi vida a las arenas movedizas, era completamente inestable, ibas andando y te hundías en el barro hasta el tobillo, además había unos agujeros muy profundos y sospechosos en el suelo, yo no podía dejar de pensar mientras andaba descalza por allí, pues mis chancletas se rompieron por la fuerte succión del barro, que alguna serpiente acabaría asomando en alguno de ellos.

Primero intentamos sacar la pick-up,  Joan empezó a palear sacando barro de la rueda que había quedado más hundida, los demás hicimos lo mismo con las manos, bajamos la presión a menos de un kilo, vaya tela encontrar las boquillas entre el barro, todas las ruedas estaban rebozadas hasta arriba!!!.

 

 

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