
| En Agosto de 1996 emprendimos nuestro
primer viaje a Marruecos. El punto de encuentro era un hotel de Tánger
donde desde diferentes puntos de la península, bien en avión o en ferry, fuimos
llegando todos. Allí conocimos al resto del grupo, en total éramos 16
personas, y a nuestros tres guías: Omar, Jamal y Feli. Una vez hechas las
presentaciones nos repartimos entre los tres todo terrenos, dos Land Rover
Defender y un Nissan Patrol y comenzamos el viaje por Marruecos, llegando
aquella misma tarde a Xaouen, una bella población del Rif.
Sin pensárnoslo dos veces salimos a pasear por las calles disfrutando de los mercadillos de Marruecos y allí saboreamos nuestro primer te a la menta en uno de los múltiples bares con terraza que llenan la bulliciosa plaza central de Xaouen. Nos alojamos en el céntrico Hotel Salam aunque pocos de nosotros conseguimos dormir bien, pues a una hora muy temprana empezaron a sonar los altavoces de todas las mezquitas de la población llamando a la plegaria y además durante la noche también hubo estrepitoso concierto de burros. |
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A la mañana siguiente visitamos el bonito pueblo de Xaouen, sus calles empinadas, sus casas blanquiazules, la medersa o escuela coránica rodeada de bellos jardines y la compañía de Mohamed, un guía local quien empezó a contarnos las costumbres de su pueblo.
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| Sin más que ver cogimos los coches y
continuamos ruta hacia el sur, parando a comer y en un colorido mercado de
carretera hasta llegar a la concurrida ciudad de Fez.
Por la noche nosotros dos junto a Joan y Eugenia, Fermí y Àngels, Luis, Bonoso, Beatriz, Feli y Fátima, la guía que nos acompañaría en la visita a la medina de Fez, nos fuimos a cenar al Restaurante Al Andalus pues nos apetecía saborear algunos platos típicos de la cocina marroquí. Allí probamos la típica harira o sopa marroquí, diferentes tipos de tajines de pollo y cordero, todos excelentes y Bonoso se atrevió a probar la pastilla (pastel de pichón), aunque más adelante se arrepentiría pues no le sentó muy bien. Fez es una ciudad que tiene tres partes muy bien diferenciadas, la nueva (el Jédid), la vieja (el Bali) y más allá está la otra parte más europea construida tras la Primera Guerra Mundial. Allí acompañados por Fátima visitamos la medina, una de las más bellas de Marruecos, calles, callejuelas, rincones escondidos, plazoletas y un sinfín de caminos forman una encrucijada donde uno es incapaz de orientarse y casi es necesario pedir ayuda para conseguir salir al exterior. Entre grandes aglomeraciones de gente y burros pasando a toda velocidad por las estrechas callejuelas fuimos paseando y descubriendo cada uno de sus rincones, agrupados por oficios como cualquier medina o zoco marroquí, tintoreros, curtidores, artesanos de las alfombras, joyeros, talleres de orfebrería, frutas y verduras por el suelo, pequeñas mesas de madera vieja llenas de cabezas de cabrito recién degolladas, carritos con todo tipo de turrones, matojos y más matojos de verde t perfumada menta fresca, perfectas montañas de aceitunas y especias de todo tipo eran una parte entre otras muchas cosas de aquel espectáculo tan difícil de describir. |
| Sin duda una de las partes más peculiares y duras es el zoco de Btana, donde se realiza el curtido de las pieles de cordero, allí el olor es insoportable, especialmente en verano, cuando el termómetro alcanza altísimas temperaturas, aún así es digno de ver aunque sea desde una de las terrazas colindantes por su colorido y toque pintoresco. | ![]() |
| Finalizada la visita de Fez
continuamos el viaje acercándonos al Medio Atlas.
Pasamos por Ifrane y cruzando pequeñas carreteras de montaña entre frondosos bosques plagados de cedros llegamos a Oum-er-Rbia. Allí cenamos en casa de Mohamed y su familia, quienes cocinaron para nosotros un delicioso cuscús con los ingredientes que habíamos comprado antes en un pequeño pueblo del medio Atlas. Comimos sentados alrededor de tres pequeñas mesas con una gran cuscusera en cada una de ellas y Jamal nos enseñó a comer el cuscús con las manos tal como lo hacen ellos. Puesto que en la casa hacía mucho calor cogimos los sacos de dormir y bajamos a la orilla del río, donde existen unas pequeñas terrazas naturales con techo de paja y alfombras en el suelo y allí nos acostamos. |
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El sito era precioso pero como era de
esperar no conseguimos pegar ojo en toda la noche, un sapo gigante nos
vino a dar las buenas noches, pequeña fauna nocturna nos acechaba de
cerca, el ruido del agua era ensordecedor, un grupo de marroquíes se puso
a rezar a horas intempestivas e incluso alguno de nosotros fue asaltado
por tabaco mientras hacia sus necesidades en la mitad de la noche.
Con las primeras luces del alba nos levantamos medio dormidos y entumecidos para emprender la ruta, pues el Gran Atlas nos esperaba. |
| El día siguiente lo pasamos apilados dentro de los coches cruzando el Gran Atlas, el paisaje era impresionante y la temperatura iba descendiendo a medida que ganábamos altura, paramos a comer un tajine en el Café Atlas y al atardecer llegamos a los lagos de Imilchil, donde pasamos la noche durmiendo en una preciosa haima con muy buenas vistas al lago, eso si bien tapados con mantas pues estábamos a bastante altura. Allí también pudimos disfrutar de un espectáculo de música y danzas beréberes a cargo de un grupo de jóvenes de Imilchil. |
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| Cruzando el Gran Atlas | Imilchil |
| Después de levantarnos con unas magníficas vistas del amanecer en el lago y de desayunar en la terraza del albergue continuamos el viaje que nos llevaría hasta las Gargantas del Todra. a medio camino paramos a comer en el albergue de Moha, en Tamtattoucht, a unos 18 Km. del Todra, sitio muy recomendable tanto por el encanto del lugar como por la comida y en especial por la hospitalidad y simpatía de Moha. |
| A media tarde llegamos a Todra, donde tuvimos tiempo aún de dar un paseo por las gargantas e incluso bañarnos en alguna de las pozas. | ![]() |
| Nosotros dos junto a Beatriz y Luis hicimos el "último" tramo andando, pues después de pasar todo el día empaquetados en el Patrol de Feli, especialmente incómodo, estábamos hartos de tanto coche y nos apetecía andar un poco, pero lo que para ella sería un pequeño y agradable paseo se convirtió en una odisea, pues se confundió y nos hizo bajar mucho antes, con lo cual andamos y andamos largas horas bajo un sol de justicia hasta conseguir llegar al albergue agotados y exhaustos, tardamos tanto en llegar que uno de los guías ya estaba a punto de salir a por nosotros. Allí cenamos y nos alojamos en el Albergue Jasmina, y como no había suficientes habitaciones y el tiempo acompañaba dormimos con sacos debajo de una haima. |
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Al día siguiente emprendimos rumbo hacia el sur y nos encontramos con los primeros oasis, el contraste del desierto con el verde de las palmeras y el azul del cielo da lugar a unos paisajes espectaculares. |
| Paramos a comer en un hotel de Erfoud
donde también pudimos disfrutar de su magnífica piscina, allí
intentamos refrescarnos un poco, aunque eso en Agosto y al lado del Erg
Chebbi es casi misión imposible.
Paseamos por uno de aquellos magníficos palmerales y estuvimos en casa de la familia de Mohamed Kaidhuomi tomando un te a la menta. Cuando empezó a caer la tarde llegamos a Merzouga justo a tiempo de ver una increíble puesta de sol desde las dunas. |
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| Dunas de Merzouga | Zorro del desierto |
| Dormimos en el albergue Dunes d'Or, pero debido al calor dejamos el equipaje encerrado en las habitaciones y dormimos en el tejado con un colchón disfrutando de una gran lluvia de estrellas y de la tranquilidad del desierto. |
| Bien temprano nos dirigimos a un lago situado entre las dunas donde había un gran numero de flamencos. Allí Rachid, el hermano de Mohamed, se metió en el agua y anduvo un buen trecho hasta que consiguió asustar a las aves para que nosotros las viéramos sobrevolar por el desierto. | ![]() |
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Foto de grupo al lado del lago, donde comimos una deliciosa y refrescante sandía. |
| Habiendo disfrutado dos días de las
dunas de Merzouga y sus alrededores continuamos el viaje hasta Zagora, de
allí subimos a Ouarzazate y atravesando un increíble e interminable
puerto de montaña con fabulosas vistas llegamos a Marrakech.
Visitamos el Palacio Bahía con sus jardines, mosaicos de gran colorido y exquisitos trabajos de talla de madera, entramos en algunas habitaciones del harén, paseamos alrededor de la Koutoubia y al atardecer nos acercamos a la Plaza de Djemaa el Fna. |
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Harén en el Palacio Bahía |
| El ambiente de Djemaa al Fna es
indescriptible y varia a lo largo del día, allí se pueden encontrar
encantadores de serpientes, narradores de cuentos, escribanos públicos,
maquiladoras de henna, un montón de carritos donde tomarte riquísimos y
frescos zumos de naranja por la módica cantidad de 2 Dh, frutos secos,
todo tipo de atracciones, curanderos, adivinadores, vendedores de agua
curiosamente ataviados, y por la noche varios chiringuitos donde cenar la
típica ensalada marroquí acompañada de brochette.
Después de disfrutar de esta maravillosa ciudad y de su laberíntico zoco donde regateamos hasta el agotamiento para comprar cerámica, artículos de cuero, artesanía de madera, babuchas, especias, teteras, objetos de bronce, alfombras, cestos de mimbre y gran variedad de artículos de todo tipo, continuamos ruta hasta la bella población costera de Essaouira. |
| En Essaouira recorrimos la medina y
algunas tiendas de artesanía de madera y acabamos en el puerto comiendo
pescado fresco en los tenderetes que allí se amontonan.
Cada uno de los chiringuitos tiene su mesa con el pescado fresco recién traído de los barcos que van llegando al puerto, tu mismo eliges cual es el que te apetece comer y allí mismo tienes la mesa y te lo preparan en pequeñas parrillas alimentadas con carbón. |
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| Allí quien realmente
"disfrutó" de la comida fue Eugenia, ...cuando vio que el
camarero cogía los cubiertos sucios de los comensales anteriores, los
enjuagaba con agua literalmente negra y nos los volvía a poner, aún
mojados, su cara empezó a cambiar...mientras aún nos reíamos divertidos
de la expresión de su rostro, el mismo chico de antes se acercó a ella
con la parrilla y los calamares que ella había pedido, los cogió con la
mano y se los puso directamente en su plato, aquello ya fue el remate
final, todos estallamos en carcajadas y a ella creo que se le pasó el
hambre de golpe.
Abandonamos Essaouira y continuamos hacia el norte en lo que ya eran los últimos días de nuestro viaje. Pasando por Casablanca y Rabat llegamos a Tánger donde cogimos el avión que nos llevaría de vuelta a Barcelona. |
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