El sábado 23 de Marzo emprendimos nuestro tercer viaje a Marruecos con nuestro inseparable Discovery, que durante estos días hizo de coche e incluso de improvisado hotel en algún caso de fuerza mayor.

Llegamos a Almería sobre las 7 de la tarde, el acceso al puerto de Almería es sencillo y no hace falta cruzar la ciudad. 

En el puerto y mientras esperábamos la hora de embarque, entablamos conversación con un grupo de Alcoy formado por tres coches, quienes pensaban realizar un recorrido en gran parte semejante al nuestro. Allí estaban Velasco y Mari-Tere con su Mercedes “full-equip”, también llamado “sobrao” como veremos más adelante, Max y Juanito con un Nissan pick-up 4x2 alias “Seremax” y  Carlos y Miguel con un Suzuki Vitara. 

No podíamos haber encontrado mejor compañía, nos unimos a ellos y a las 23,30  emprendíamos               rumbo a Melilla. Tras ocho horas de travesía nocturna, llegamos a Melilla el Domingo a las 8 de la              mañana y como estaba todo cerrado decidimos pasar la frontera lo antes posible. No había                        mucha gente y los trámites se realizaron sin demasiada espera, nada que ver con la frontera de                     Ceuta.

Así pues una vez cargados los depósitos de gas-oil, llenar algún bidón de agua y comprar pan, emprendimos rumbo a la aventura, primer destino Debdou puerta norte de entrada al  “Plateau du Rekkam”, extensa meseta situada sobre unos 1300 metros.
Poco a poco íbamos avanzando por aquellas inmensas planicies rodeadas de montañas por ambos lados. Desde allí incluso podíamos divisar a lo lejos las cumbres nevadas del alto Atlas y algún que otro campamento nómada, donde realizamos nuestras primeras paradas para entregar parte de la ropa y caramelos a los niños. Sobre las 6 de la tarde paramos para montar nuestro campamento y fue aquí donde nuestros amigos de Alcoy nos sorprendieron con una logística impresionante, ...un enorme toldo que atamos a los 4 coches, fluorescentes, música, buena comida y servicio completo de bar.
Todo ello causó un asombro absoluto a una familia, tanto adultos como niños, que habitaba una haima cercana y  que incluso después de recoger la ropa y regalos que les dimos se quedaron horas y horas contemplándonos estupefactos.

A la mañana siguiente y tras pasar una mala noche por culpa del frío, recogimos el campamento                     y emprendimos rumbo hacia el sur, siguiendo la misma tónica del día anterior.

Por el camino pasamos por una pequeña aldea de no más de 2 o 3 calles y se nos ocurrió parar a visitar aquel lugar, que en principio nos pareció la mar de tranquilo. Acto seguido se abrió la puerta de la escuela y un montón de niños corrió en estampida hacia nosotros pidiendo "bonbon", "stylo", "cadeau" y cualquier cosa que les quisiéramos dar, incluso los mayores nos asaltaban para conseguir alguna pieza de ropa para su familia. Tratando de imponer un poco el orden e intentando dar por igual a todo el mundo abandonamos el pueblo para seguir nuestro camino hacia el sur.

Llegamos a Anoual un pequeño oasis con palmeras y un manantial de agua que nuestros cuerpos agradecieron sin duda, pues allí pudimos lavarnos y  librarnos de todo el polvo que llevábamos encima.
A partir de aquí la pista se convirtió en carretera hasta llegar a Talsinnt, continuamos por carretera   hasta Beni-Tajjite y allí cogimos la pista que nos llevaría hasta Tazauguerte pasando por El-Gorane y Kadoussa, una preciosa pista que nos invitaba a cruzar continuamente torrenteras que provenían de aquellas impresionantes montañas que nos rodeaban.
El tramo final, que nos llevó hasta Tazauguerte, es un precioso recorrido entre palmerales y el Oued Guir, allí hicimos noche montando las tiendas entre las palmeras y cenamos unos estupendos espagueti con albóndigas preparados por nuestro cocinero “Seremax”.
A la mañana siguiente y antes de abandonar aquel magnífico oasis Velasco y Max disfrutaron como locos vadeando el Oued.
El tercer día nos dirigimos hacia Boudenib con la intención de aprovisionarnos de pan, agua y combustible, para mas tarde coger pista hacia Erfoud.
Aquella mañana realizamos una clásica etapa de navegación, la ruta transcurría a través de una llanura sinfín donde la ayuda del GPS fue vital pues pasábamos continuamente de abrir una nueva pista a encontrar un sinfín de rodadas hacia rumbos diferentes donde cualquier pista podía ser la correcta y la realidad coincidía pocas veces con los mapas TPC que llevábamos. 

Llegamos finalmente a Erfoud y allí cogimos la pista que nos llevaría hasta las dunas de                                        Erg-Chebbi, si paráis aquí armaros de paciencia, saldrán amigos por todas partes.  

Una vez en las dunas, decidimos acampar en lugar de ir a alguno de los muchos albergues que hay en la zona, que por cierto cada año hay más.
Mientras montábamos el campamento nos dedicamos a jugar con los coches en las dunas, dos empanzadas en la arena me quitaron las ganas de seguir jugando, además el coche había empezado a hacer un pequeño ruido, augurio de que algo se cocía.
Max y Carlos también tuvieron algún que otro tropezón en la arena, mientras que el Mercedes “full equip” iba de “sobrao” saltando por las dunas y rescatando al personal atascado. Eso sí, a la mañana siguiente y con la arena más húmeda todos pudimos jugar hasta hartarnos y dejamos el pabellón bien alto. 

Atardecer en las dunas.

Cenamos a cielo abierto una tortilla de patatas con una salsa típica de Alcoy (no me acuerdo del                 nombre) y como a nadie le apetecía montar las tienda decidimos dormir con los sacos en la cima                           de una duna, eso sí, antes de acostarnos nos montamos todos en el “serecar” y nos fuimos al                  albergue Erg-Chebbi a tomar un te a la menta, amenizado por el sonido de los tambores y por                        alguna canción que Velasco improvisó haciéndonos partir de risa.     

Al día siguiente llegó el triste momento de la despedida, nuestros compañeros de ruta decidieron                  seguir hacia las gargantas del Todra y nosotros, que teníamos pendiente una cita con un                                        ínternauta de Madrid, decidimos seguir camino hacia el sur.

El punto de encuentro era el albergue de Alí el cojo, pero cuando llegamos ya se había marchado,                    nos dijeron que justo hacía una hora había salido hacia Tagounite por pista. No sabíamos que                    hacer, si seguirle por pista o bien continuar por carretera, finalmente la prudencia nos hizo                        escoger la segunda opción pues la pista que va de Merzouga a Tagounite está muy mal debido                              al paso del Dakar, además íbamos solos y el día amenazaba tormenta de arena.  

Enfilamos rumbo hacia Rissani solos y sin cruzarnos con ningún coche, debido a que no                        cogimos la pista buena, pero con la ayuda del portátil conectado al G.P.S  llegamos sin problema,           aunque el coche cada vez hacia más ruido.  

Una vez en Rissani cogimos la carretera que nos llevaría hasta Zagora. Durante la mayor parte del                      trayecto nos acompañó una impresionante tormenta de arena que nos obligó a detener el coche                           en más de una ocasión, pues era imposible ver un metro delante nuestro.  

Una vez en Zagora  la fortuna nos sonrió de nuevo, parece imposible pero justo al entrar en                        Zagora  nos cruzamos con un Discovery con matricula de Madrid que venía en sentido contrario a      nosotros,  paramos y le seguimos con la vista, al ver que se detenía delante de un taller mecánico       decidimos dar la vuelta y dirigirnos hacia ellos.

Nada más bajar del coche y acercarme a ellos me llevé una buena sorpresa, pues sin yo abrir la                        boca me dijo: tu eres Jordi verdad?, era  Javier Suárez (Paco), la persona con la cual había                    quedado  en  Merzouga , acompañado de su hermano y su sobrino. 

Mohamed, el mecánico de un popular y concurrido taller de Zagora por donde incluso dicen que ha  pasado Schleisser, nos acompañó hasta un hotelito encantador pero muy escondido donde por suerte conseguimos encontrar alojamiento para todos, pues Zagora estaba, según comentó Paco, llena de turistas y el tema del alojamiento prometía complicado. 

Taller de Mohamed en Zagora

Durante la cena pudimos charlar tranquilamente sobre nuestros viajes por África y celebrar la                          suerte que habíamos tenido al encontrarnos. El día siguiente empezó con la duda sobre qué                       trayecto debíamos seguir.  

Mientras desayunábamos  una peculiar pizza marroquí y un buen zumo de naranja en la terraza                           del hotel reflexionamos sobre la situación. Nuestros compañeros de Madrid querían ir hacia                    Essaouira para comprar artesanía y nosotros teníamos la intención de seguir hasta Foum-Zguid,                       pero no estábamos muy motivados y el coche nos tenia preocupados, con lo cual al final                          decidimos no tentar a la suerte y viajar con ellos a Essaouira en una larguísima etapa que nos llevó                   por pista  y carretera hacia el norte pasando por Agadir.  

Durante el trayecto por pista encontramos un destartalado Peugeot que hacia las funciones de taxi,                   con una rueda pinchada, pero no disponían de gato para cambiar la rueda, así que paramos y les             dejamos el nuestro.  

Llegamos a Essaouira completamente agotados sobre las 9 de la noche, donde cenamos y nos               alojamos en un precioso hotel mezcla de estilo portugués y patio andaluz,  prácticamente vacío,                        que encontramos a la entrada de la población.  

Al día siguiente los temores de que el coche tenia una avería salieron a la luz, una vez debajo de el,                pude comprobar que una cruceta de la transmisión se había roto.

Después de encontrar un taller para la reparación, unos nos dedicamos a pasear y otros a comprar en esta tranquila villa marinera, famosa por su artesanía de madera y su antiguo fuerte Portugués. Comimos unas deliciosas doradas a la brasa en uno de los famosos chiringuitos del puerto de Essaouira.

La reparación del coche se hizo más larga de lo esperado, la verdad es que los mecánicos marroquíes son unos artesanos de la mecánica  y hicieron un buen apaño que aguanto hasta llegar a casa.

Una vez más llegó la hora de la despedida, nuestro amigo Javier Suárez y familia continuaban hasta Ceuta y  nosotros emprendimos el camino hacia Melilla. Partimos de Essaouira pasadas las 8 de la noche, conducir en Marruecos de noche es toda una odisea, gente caminando por la cuneta, bicicletas, motos, burros y camiones que vienen de cara con tal cantidad de luces que eres incapaz de ver nada cuando pasan, así que una vez salimos de Marrakech decidimos parar para comer algo y dormir dentro del coche.  

Antes de que amaneciera emprendimos de nuevo la marcha hacia el norte y como íbamos bien de               tiempo decidimos darnos una vuelta por los bosques de cedros. 

La anécdota del día fue que en un control de policía nos pararon. Se acercó el policía y empezó a             hablarnos muy serio en berebere.... no entendimos ni jota!!!, Ángels le dijo que éramos españoles y                    que nos dirigíamos a Nador, entonces y para sorpresa nuestra empezó a hablarnos en castellano                          diciendo muy enfadado que nosotros no éramos españoles, pero mientras le enseñábamos los           pasaportes me percaté que el compañero del policía se estaba riendo, conclusión, estaban de                        broma con nosotros, pero el susto bien que nos lo llevamos, eso os lo podemos asegurar.                                   En resumen, como el policía estaba aburrido y además quería  practicar el castellano nos tuvo un                 buen rato de charla hasta que nos dejó marchar. 

Una vez libres y recuperados del susto cogimos una carretera que parte de Khenifra, pasamos por                      las Sources de l´Oum-er-Rbia hasta llegar a Azrou y desde allí nos fuimos a Ifrane, un lugar que                         nada tiene que ver con Marruecos, no dudamos que sea bonito, pero es un oasis de ricachones y                         no merece nuestra atención porque no refleja la realidad del país.  

Antes de llegar a Fez nos desviamos por una carretera local para no tener que atravesar esta                      caótica ciudad, pasando junto al famoso manantial de Sidi Harazem. 

Al llegar a Guercif, vimos al equipo Misutbishi 4x4 de Andorra comiendo en la terraza de un                     restaurante, nos detuvimos y les preguntamos que tal les había ido en la Cup 80, Toni el                         responsable del equipo, me comentó que habían ganado la prueba, después de darles la                         enhorabuena continuamos ruta y llegamos al puesto fronterizo de Beni-Enzal bien entrada la                         tarde. 

En la aduana nos preguntaron qué habíamos visitado de Marruecos y cuando les dijimos lo que              habíamos hecho en tan pocos días no se lo creían.  

Una vez en Melilla nos sorprendió el contraste que hay entre esta ciudad y Nador, es increíble, es                 como pasar por un túnel del tiempo. Melilla nos gusto más de noche que de día, es una tranquila               ciudad, apacible, pero da una sensación de estar encajonada entre el mar y Marruecos. Dormimos                     en el parador de Turismo, donde nos dijimos, un día es un día.

A la mañana siguiente partimos hacia Almería, pero tuvimos una travesía un poco movida debido a                      la mala mar, durante la travesía fuimos incapaces de movernos del sofá. Desembarcamos en                      Almería sobre las 9 de la noche y emprendimos camino hacia casa conduciendo toda la noche.              Llegamos a las 6 de la mañana completamente agotados, pero teníamos todo el lunes para dormir.  

Han sido más de 4000 intensos kilómetros, donde hemos hecho nuevos amigos y lo hemos                       pasado muy bien, la verdad es que el esfuerzo a merecido la pena y ya pensamos cuando                    volveremos a bajar.